Hay ocasiones en las que estás viendo que va a llover, porque el cielo está gris, porque has visto el pronóstico, porque lo notas en las entrañas… Pero aun así, decides no llevar y olvidar el paraguas. ¿Verdad?
Esto me ha pasado por unas semanas desde una intervención de urgencias de apendicitis. Y no por saber que iba a llover. Sino por saber que con esto no me tenía que hundir,que igual pues, podría salir para adelante con mi vida. Eso dicen, está claro, es algo «sencillo», «rutinario»… Es un: «Bah eso no es nah». ¿Pero y mi paraguas? ¿Por qué no cogí mi paraguas y me distancié?
Yo aún así me he mojado, de miedo y de vulnerabilidad, y de decepción. Sentí miedo en la camilla (a no volver a despertar, a no ver crecer a mi chiquito). Sentí angustia todo el día esperando en un sillón del hospital sin saber si me operarían o no. Me mojé y asusté también por no poder seguir bien con mi vida después. Por los riesgos y dolores del postoperatorio, por no poder o deber hablar, ni reír ni toser, para no tener secuelas como hernias.
Paraguas en mano y corazón, o más bien sin él, unas semanas después, aún me encuentro un poco mojada y tocada en mis sentimientos. Aún no me veo del todo yo, no lo fuerte y alegre que suelo ser y estar, aún echo de menos el cuidado de unos padres, los míos❤️ que, gracias doy, pudieron venir a atenderme y ayudarme. Y aún estoy agradeciendo, haber tenido más vidas extra en el juego que es vivir.
Cada día la tormenta pasa más, pero aún tengo una pregunta a mi ser, ¿por qué he tenido que experimentar esto? Me sentí decepcionada conmigo, de creer que por más esfuerzos que hago, mis emociones aún me bloquean y enferman a veces, como a todo hijo de vecino. Supongo que necesitaba atesorar más momentos vividos, bonitos unos, y doloridos otros, para ser mi mejor yo posible y confiar más en el fluir de la vida. Para ser solo una parte más de ella. Y crear eso sí, una obra tan auténtica y tan mía como pueda. Gracias gracias gracias ✨
Hay días que la cabeza parece estar rodeada por una nube gris que no permite ver las cosas con claridad. Que todo es un mundo lleno de agobios, que el peso que cae sobre los hombros es demasiado pronunciado para poder tomar la vida con alegría.
El trabajo, la lista de tareas pendientes, el desorden vital, en el hogar, en la familia, las llamadas pendientes, los deseos… todo se amontona y se convierte en un torbellino arrollador, que no permite pensar con coherencia, ni sentir las cosas en su magnitud correcta.
Es necesario pararse a pensar, a sentir, a escribir, a estructurar las ideas, las cosas por hacer anotarlas, los deseos por cumplir sopesarlos con los cumplidos, para que la ambición inacabable del ego no nos queme. Pararse a analizar y darle argumentos a esa neblina para ver que los quehaceres ni son insalvables, ni son tan numerosos. El cerebro parece tiene una tendencia o capa de auto exageración, de dramatización, de auto protección excesiva, que ante cualquier reto, nos plantea una amenaza enorme. Nos busca y crea problemas, que muchas veces son inexistentes.
Sí, vale, hay cosas por hacer. Pero si ordeno las ideas y las hago, una tras otra, me doy cuenta de que no eran tan difíciles ni pesadas, que esas 4 llamadas por gestiones pendientes eran muy sencillas, solo se trataba de hacerlas en lugar de postergarlas y sumarlas al peso y barullo de mi neblina.
Además: ¿quién me dice que no voy a poder hacer las tareas bien? ¿por qué yo no? ¿qué tengo de malo? Si rascamos una capa mental más al fondo, muchas veces encontramos, un sesgo mental de «no sé, no puedo hacer las cosas, no soy suficientemente buena…». Una falta de amor y auto aceptación, una voz interior que en lugar de sumar, nos resta, nos dice que no vamos a saber hacerlo, no nosotros. ¿Y quién sí? ¿los demás, nuestros padres? Me gusta escribir para plantear la preguntas necesarias a esta negatividad. Y darles la respuesta: si los demás has podido aprender, seguramente yo también podré hacerlo.
También hay otra capa mental más sumada a la neblina: los problemas, los deseos, las preocupaciones constantes vitales. Sumado a todo el popurrí, solemos o suelo llevar un ruido mental añadido. Las distorsiones de la felicidad, esas pequeñas o grandes cosas que me ocupan la mente de forma poco constructiva. Los juicios sobre mi propia vida, al igual que los de mi auto concepto sobre mi propio ser, no suelen ser muy acertados. En lugar de observar y agradecer por lo bueno, nos pasamos media vida o más pensando en lo que no nos gusta, en lo que nos gustaría que fuera diferente o más perfecto.
¡¡¡¡¿?Pero bueno??!!!!… ¿Esa es la máquina mental que me ha tocado? ¿la que nos ha tocado a mucha gente por lo que veo? pues habrá que trabajarla, que tunearla, que hacerse consciente de que todo el pensamiento que pase por mi mente, sobre mí misma, o sobre los demás, o sobre mi vida, sencillamente NO ES CIERTO. Con seguridad, estará sesgado por una visión inadecuada de la vida, no acorde a mi ser auténtico y valores profundos. Si la antena de la radio no funciona bien, la música no llega a sonar. O si la frecuencia es muy corta o baja, quizá no escuche las emisoras que necesito.
Ahora, con esta reflexión matinal, gracias a la inspiración del libro el Camino del artista de Julia Cameron, me voy a poner a hacer las cosas, con otro prisma, con otra visión, otra percepción más feliz sobre mí y sobre mi vida. Yo puedo, yo valgo, yo lo merezco. Ojalá el ego solo nos diga este tipo de pensamientos positivos en adelante a todos los seres. Todos podemos, valemos y lo merecemos. Amemos más nuestra vida, a nosotros mismos y a todos los demás (que no son más que luchadores como nosotras y nosotros, solo que con sus propios sesgos vitales, tan parecidos y tan distintos a los nuestros a la vez).
Desde hace años sabemos que existe una inteligencia suplementaria (aparte del CI o Coeficiente Intelectual), que está implicada en la comprensión y la gestión de nuestras emociones. Precisamente es esta forma de inteligencia, la «inteligencia emocional», la que parece poder explicar, mejor que cualquier otra, el éxito en la vida. Y dicha inteligencia es muy
independiente del coeficiente intelectual.
Partiendo de la idea de la inteligencia emocional, investigadores de Yale y de New Hampshire han definido un «coeficiente emocional», que permitiría medirla, alrededor de cuatro funciones esenciales:
1) La aptitud para identificar su propio estado emocional y el de los demás.
2) La aptitud para comprender el desarrollo natural de las emociones (igual que un alfil y un caballo se desplazan siguiendo reglas distintas por el tablero de ajedrez, el miedo y la cólera, por ejemplo, evolucionan de forma diferente en el tiempo).
3) La aptitud para razonar sobre las propias emociones y las de los demás.
4) La aptitud para regular las propias emociones y las de los demás.
Por ejemplo: cuando sentimos cansancio, a veces terminamos comiendo, cuando ello no nos va a reducir la fatiga, sino al contrario, nos incrementará la pereza. Conocer exactamente lo que sentimos y tomar el tiempo de escucharnos, nos ayuda a atendernos mejor, como justamente necesitamos en cada momento.
Resumen Extenso de «Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen» de Adele Faber y Elaine Mazlish
Introducción: Este libro es una guía práctica para mejorar la comunicación entre padres e hijos. Faber y Mazlish ofrecen herramientas efectivas, basadas en experiencias reales, para abordar los desafíos de la crianza de una manera respetuosa y empática. El objetivo es fomentar relaciones más saludables y positivas, ayudando a los niños a sentirse escuchados y valorados, mientras se establecen límites claros.
Capítulo 1: Cómo manejar los sentimientos de los niños
Los autores explican que los sentimientos de los niños no deben ser ignorados ni minimizados, ya que esto puede llevar a frustración y desconexión. En lugar de decir frases como “no pasa nada”, es importante validar sus emociones. Estrategias propuestas:
Escuchar con atención, sin interrumpir.
Reflejar los sentimientos del niño con frases como “Entiendo que estás triste porque…”.
Nombrar los sentimientos para ayudar a los niños a identificarlos: “Parece que estás frustrado”.
Evitar consejos inmediatos o juicios.
Capítulo 2: Fomentar la cooperación
El libro destaca que los niños suelen ignorar órdenes o peticiones que perciben como críticas o mandatos autoritarios. Para lograr cooperación, los autores sugieren: Técnicas clave:
Describir el problema: En lugar de culpar, explica la situación: “El jugo se está derramando en la mesa”.
Dar información: En lugar de exigir, comparte datos: “Los juguetes en el suelo pueden hacer que alguien tropiece”.
Ofrecer opciones: Proporciona alternativas para que el niño participe en la solución.
Evitar etiquetas: No etiquetes al niño como “desobediente” o “malo”.
Capítulo 3: Cómo resolver conflictos sin castigos
Los autores proponen una alternativa al castigo tradicional, que a menudo genera resentimiento o rebeldía. En su lugar, sugieren: Pasos recomendados:
Reconocer los sentimientos del niño.
Explicar claramente el problema o la regla.
Dar alternativas para reparar el daño: “¿Cómo crees que podemos solucionar esto?”.
Ayudar al niño a identificar una solución adecuada.
Capítulo 4: Fomentar la autoestima
La autoestima es la base para el desarrollo emocional y social de los niños. Los padres juegan un rol clave al brindar un ambiente que refuerce su sentido de valor y confianza. Consejos prácticos:
Elogiar los esfuerzos y no solo los resultados.
Describir lo que ves en lugar de emitir juicios: “Has trabajado mucho en este dibujo”.
Permitir que el niño experimente pequeños fracasos y aprenda de ellos.
Capítulo 5: La importancia de la autonomía
Darles a los niños la oportunidad de tomar decisiones les ayuda a desarrollar habilidades de resolución de problemas y confianza. Estrategias incluidas:
Ofrecer elecciones en lugar de imponer: “¿Quieres ponerte la chaqueta azul o la roja?”.
Permitir que enfrenten las consecuencias naturales de sus elecciones.
Establecer límites claros, pero con flexibilidad: “Puedes jugar un poco más, pero luego es hora de cenar”.
Capítulo 6: Resolviendo problemas juntos
Los autores promueven la idea de trabajar como equipo para resolver problemas familiares, enseñando a los niños habilidades importantes para la vida. Pasos del proceso colaborativo:
Escucha los sentimientos y necesidades de tu hijo.
Identifica el problema de manera conjunta.
Propongan soluciones juntos.
Decide una solución y ponla en práctica.
Ejercicios prácticos
Reconocer emociones en situaciones cotidianas:
Al escuchar una queja, responde con frases como: “Parece que te sientes molesto porque…”.
Practica identificar emociones con ejemplos concretos: “Si tu amigo te quita el juguete, ¿cómo te sentirías?”.
Práctica de validación:
Imagina situaciones en las que tu hijo se siente frustrado o triste. Practica responder con empatía en lugar de minimizar: “Entiendo que estás triste porque no podemos ir al parque ahora”.
Ofrecer opciones para fomentar autonomía:
Dile al niño: “¿Prefieres limpiar tus juguetes ahora o después de cenar?”. Observa su respuesta y discutan juntos.
Resolución de conflictos simulados:
Escenifica un conflicto común, como no querer compartir un juguete. Practiquen juntos cómo resolverlo con alternativas.
Capítulo adicional: Ejemplos de conversaciones positivas
1. Cuando hay que irse de un sitio y no quiere
Niño: “¡No quiero irme! Todavía quiero jugar.” Padre: “Entiendo que te estés divirtiendo mucho y no quieras que termine. ¿Qué te parece si decimos adiós y volvemos otro día?”
Validar: “Es difícil dejar algo que te gusta tanto.”
Ofrecer alternativas: “Podemos planear venir otra vez pronto, ¿te gustaría eso?”
2. Cuando toca ducharse y no quiere
Niño: “¡No quiero ducharme!” Padre: “Parece que no te apetece nada ahora mismo. ¿Te gustaría elegir si usamos el jabón de fresa o el de coco?”
Involucrarlo: “¿Quieres llenar la bañera tú o prefieres que lo haga yo?”
Dale una razón: “Después de la ducha te sentirás fresco y limpio, y podemos leer juntos tu libro favorito.”
3. Cuando no quiere probar algo de comer
Niño: “No me gusta eso, huele raro.” Padre: “Entiendo que el olor puede parecer extraño. ¿Qué te parece si solo lo pruebas una vez? Si no te gusta, no tienes que comer más.”
Sin presión: “A veces los sabores nuevos necesitan varias oportunidades.”
Juega con la curiosidad: “¿Sabías que este plato es el favorito de [personaje que le guste]?”
4. Cuando no quiere irse a dormir
Niño: “¡No tengo sueño!” Padre: “Entiendo que no sientas ganas de dormir. Pero tu cuerpo necesita descansar para tener energía mañana. ¿Quieres elegir un cuento para leer antes de dormir?”
Establece un ritual: “Después de leer, puedes elegir un peluche para dormir contigo.”
Valida el sentimiento: “A veces es difícil parar cuando estamos entretenidos.”
5. Cuando quiere ver más dibujos animados
Niño: “¡Solo un episodio más, por favor!” Padre: “Sé que te encantan los dibujos y quieres seguir viendo. Pero ya es hora de parar. ¿Qué te parece si lo dejamos en pausa para seguir mañana?”
Ofrecer un límite claro: “Puedes ver hasta que termine este episodio, luego apagamos juntos.”
Planificar juntos: “¿Qué te gustaría hacer después?”
6. Cuando no quiere ir a actividades extraescolares
Niño: “No quiero ir a baloncesto, no me gusta.” Padre: “Parece que no te sientes con ganas hoy. ¿Te pasa algo en particular?”
Investiga: “¿Qué crees que podría hacer más divertido el baloncesto?”
Reformula el objetivo: “Recuerda que lo importante no es ser perfecto, sino divertirte y aprender algo nuevo.”
7. Cuando no quiere levantarse
Niño: “¡Cinco minutos más!” Padre: “Sé que es difícil levantarse temprano, pero si lo hacemos ahora, tendrás más tiempo para desayunar y jugar antes de irnos.”
Crea motivación: “¿Quieres que te prepare tu desayuno favorito para empezar el día?”
Hazlo divertido: “¿Qué te parece si hacemos una carrera para ver quién se viste más rápido?”
Ejemplo adicional: Cuando el niño o niña dice insultos o palabras feas
Escenario: Tu hijo o hija comienza a decir palabras insultantes o inapropiadas, quizás imitándolas de alguien más o probando límites.
Diálogo positivo:
Niño: “¡Eres tonto!” Padre: “Escuché lo que dijiste, y parece que estás molesto. ¿Quieres contarme por qué lo dijiste?”
Primero, valida los sentimientos detrás de las palabras: Padre: “A veces usamos palabras feas cuando estamos frustrados o enojados, pero esas palabras pueden hacer que los demás se sientan mal.”
Luego, explica por qué no es adecuado: Padre: “Cuando decimos cosas feas, las personas piensan que no somos respetuosos o amables. ¿Cómo crees que se siente alguien cuando escucha eso?”
Niño: “No sé, pero lo escuché en la tele.” Padre: “A veces escuchamos palabras en la tele o de otras personas, pero eso no significa que estén bien. Tú eres muy listo, y sé que puedes encontrar palabras mejores para expresar cómo te sientes.”
Qué hacer después del diálogo:
Ofrecer alternativas:
Enséñale frases que pueda usar en lugar de insultos: Padre: “En lugar de decir ‘eres tonto’, puedes decir ‘me siento enfadado porque no me estás escuchando’.”
Reforzar con ejemplos positivos:
Padre: “Cuando alguien usa palabras respetuosas, como ‘por favor’ o ‘lo siento’, hace que los demás se sientan bien y quieran estar con él.”
Crear un acuerdo o norma familiar:
Padre: “En nuestra casa, usamos palabras que nos hacen sentir bien a todos. Si necesitas ayuda para encontrar esas palabras, puedo ayudarte.”
Consejos adicionales:
Evita ridiculizar o reaccionar exageradamente: Responde con calma, sin castigar directamente, ya que esto puede reforzar el comportamiento.
Modela el lenguaje que deseas: Si tú evitas usar insultos o palabras feas, es más probable que tu hijo haga lo mismo.
Refuerza lo positivo: Elogia cuando use un lenguaje respetuoso: Padre: “Me gustó cómo pediste las cosas con respeto hoy. Eso demuestra lo bien que te comunicas.”
Este enfoque ayuda a enseñar empatía y habilidades de comunicación respetuosa. ¿Te gustaría más ejemplos relacionados?
Ejemplo adicional: Cómo poner límites cuando juegan de forma agresiva o peligrosa
Escenario: Los niños están jugando de manera brusca (empujándose o lanzando objetos), y la madre necesita intervenir para evitar accidentes.
Diálogo positivo:
Madre: “¡Chicos, deteneos un momento! Parece que os estáis divirtiendo mucho, pero lo que estáis haciendo puede ser peligroso.”
Describe el problema sin culpar: Madre: “Cuando os empujáis así, alguien puede caerse y hacerse daño. Quiero que juguéis y os divirtáis, pero necesitamos hacerlo de forma segura.”
Ofrece alternativas para seguir jugando: Madre: “¿Qué os parece si cambiamos este juego por algo más tranquilo, como construir algo con los bloques o jugar a un juego de mesa?”
Establece límites claros: Madre: “Si continuáis jugando de manera peligrosa, tendremos que parar el juego por completo. Podemos buscar algo diferente que os guste.”
Ejemplo adicional: Cómo manejar peleas entre niños
Escenario: Dos niños están peleando, gritan o se empujan por un juguete. La madre interviene para mediar el conflicto.
Diálogo positivo:
Intervenir con calma:Madre: “¡Alto, chicos! Vamos a parar un momento. Veo que estáis enfadados. Vamos a hablar de esto.”
Dar espacio para que cada uno exprese su punto de vista:Madre: “Primero tú (señalando a uno). Cuéntame qué pasó. Ahora tú (dirigiéndose al otro), dime tu versión.”
Reflejar los sentimientos y el problema:Madre: “Entiendo que tú querías jugar con el coche, y que tú también lo querías al mismo tiempo. Eso puede ser frustrante.”
Guiar hacia una solución juntos:Madre: “¿Qué os parece si os turnáis? Uno puede jugar con el coche mientras el otro elige otro juguete, y luego cambiáis.”
Si no llegan a un acuerdo: Madre: “Si no podéis resolverlo, puedo guardar el juguete por un rato y luego lo intentamos de nuevo.”
Enseñar herramientas para resolver conflictos:Madre: “La próxima vez, podéis intentar decir: ‘¿Te importa si lo usamos por turnos?’ o buscar algo mientras esperáis.”
Consejos adicionales:
Usa un tono suave pero firme: Esto transmite autoridad sin generar miedo o resistencia.
Modela la resolución de conflictos: Haz visible cómo llegas a acuerdos justos y respetuosos.
Fomenta el buen comportamiento: Madre: “Hoy habéis hecho un gran trabajo turnándoos para jugar. Estoy muy orgullosa de vosotros.”
Estos enfoques no solo refuerzan los límites de manera respetuosa, sino que también ayudan a los niños a desarrollar habilidades como la paciencia, el autocontrol y la empatía.😊
Ejemplo adicional: Cuando el niño no quiere compartir
Escenario: Un niño está jugando con algo y se niega a compartir con su hermano o amigo.
Diálogo positivo:
Madre: “Veo que estás disfrutando mucho con ese juguete y no quieres que lo usen ahora. Eso está bien, pero también a los demás les gusta jugar. ¿Qué podemos hacer para que todos tengan una oportunidad?”
Valida sus sentimientos: Madre: “Entiendo que a veces no es fácil compartir algo que te gusta mucho.”
Ofrece opciones: Madre: “Puedes jugar un poco más y luego turnarte, o elegir otro juguete para compartir ahora mismo.”
Enséñale empatía: Madre: “Cuando compartes, los demás también están felices de compartir contigo después. ¿Te acuerdas de cómo te sentiste cuando [nombre del amigo/hermano] te prestó su juguete?”
Ejemplo adicional: Cuando el niño se frustra porque algo no le sale bien
Escenario: El niño está intentando hacer algo (por ejemplo, un dibujo, un rompecabezas) y se enoja porque no lo consigue.
Diálogo positivo:
Madre: “Parece que estás muy frustrado porque esto no está saliendo como quieres. Eso puede ser muy molesto, ¿verdad?”
Valida el esfuerzo: Madre: “Sé que estás trabajando duro en esto. A veces, aprender algo nuevo lleva tiempo.”
Ofrece apoyo sin hacerlo por él: Madre: “¿Qué te parece si lo intentamos juntos? Puedo ayudarte un poco, pero quiero que seas tú quien lo consiga.”
Refuerza la perseverancia: Madre: “Cuando te esfuerzas y sigues intentando, mejoras cada vez más. Estoy orgullosa de que no te rindas.”
Ejemplo adicional: Cuando el niño miente
Escenario: Descubres que el niño ha mentido, por ejemplo, diciendo que no ha roto algo o que ya ha terminado una tarea que no hizo.
Diálogo positivo:
Madre: “Quiero hablar contigo sobre lo que dijiste antes. Parece que no fue completamente cierto. ¿Te gustaría contarme por qué lo dijiste?”
Evita castigar inmediatamente: Madre: “A veces decimos cosas que no son verdad porque nos sentimos nerviosos o no sabemos cómo explicar algo. Es importante decir la verdad para que podamos confiar el uno en el otro.”
Explícale las consecuencias de mentir: Madre: “Cuando no decimos la verdad, las personas pueden sentirse tristes o dejar de confiar en nosotros. Siempre puedes decirme lo que pasó, incluso si es algo difícil.”
Ofrece un camino para corregirlo: Madre: “¿Qué te parece si pensamos juntos en cómo arreglar esto? Estoy aquí para ayudarte.”
Ejemplo adicional: Cuando el niño no quiere ayudar en casa
Escenario: Le pides que recoja sus juguetes o que ayude con una tarea sencilla, y se niega.
Diálogo positivo:
Madre: “Veo que no tienes ganas de recoger ahora mismo. Es normal que no siempre nos apetezca hacer ciertas cosas.”
Explícale la importancia de colaborar: Madre: “Pero en esta casa todos ayudamos porque somos un equipo. Si tú no recoges, alguien más tendrá que hacerlo, y eso no sería justo.”
Hazlo divertido: Madre: “¿Qué te parece si hacemos una carrera para ver quién recoge más rápido? O podemos poner música mientras lo hacemos.”
Establece límites claros: Madre: “Podemos jugar después de recoger. Si necesitas ayuda, puedo empezar contigo, pero es importante que hagas tu parte.”
Ejemplo adicional: Cuando el niño quiere toda tu atención y no puedes dársela
Escenario: El niño te interrumpe constantemente mientras trabajas o haces algo importante.
Diálogo positivo:
Madre: “Veo que quieres contarme algo o que necesitas mi atención. Eso es importante para mí, y quiero escucharte.”
Valida la necesidad del niño: Madre: “A veces, parece difícil esperar cuando necesitas algo, ¿verdad?”
Establece un límite temporal: Madre: “Voy a terminar lo que estoy haciendo en cinco minutos, y luego estoy toda para ti. Mientras tanto, ¿quieres hacer un dibujo o jugar con tus bloques?”
Cumple lo prometido: Madre: “Gracias por esperar. Ahora cuéntame todo lo que querías decirme.”
Estas situaciones reflejan desafíos cotidianos que todos enfrentamos con los niños. Adaptar estos ejemplos a cada momento y contexto puede ayudar a fortalecer el vínculo con ellos, enseñarles habilidades valiosas y mantener una relación basada en respeto y empatía. ¿Quieres que amplíe algún ejemplo o añada más ideas? 😊