Desde hace años sabemos que existe una inteligencia suplementaria (aparte del CI o Coeficiente Intelectual), que está implicada en la comprensión y la gestión de nuestras emociones. Precisamente es esta forma de inteligencia, la «inteligencia emocional», la que parece poder explicar, mejor que cualquier otra, el éxito en la vida. Y dicha inteligencia es muy
independiente del coeficiente intelectual.
Partiendo de la idea de la inteligencia emocional, investigadores de Yale y de New Hampshire han definido un «coeficiente emocional», que permitiría medirla, alrededor de cuatro funciones esenciales:
1) La aptitud para identificar su propio estado emocional y el de los demás.
2) La aptitud para comprender el desarrollo natural de las emociones (igual que un alfil y un caballo se desplazan siguiendo reglas distintas por el tablero de ajedrez, el miedo y la cólera, por ejemplo, evolucionan de forma diferente en el tiempo).
3) La aptitud para razonar sobre las propias emociones y las de los demás.
4) La aptitud para regular las propias emociones y las de los demás.
Por ejemplo: cuando sentimos cansancio, a veces terminamos comiendo, cuando ello no nos va a reducir la fatiga, sino al contrario, nos incrementará la pereza. Conocer exactamente lo que sentimos y tomar el tiempo de escucharnos, nos ayuda a atendernos mejor, como justamente necesitamos en cada momento.
Resumen Extenso de «Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen» de Adele Faber y Elaine Mazlish
Introducción: Este libro es una guía práctica para mejorar la comunicación entre padres e hijos. Faber y Mazlish ofrecen herramientas efectivas, basadas en experiencias reales, para abordar los desafíos de la crianza de una manera respetuosa y empática. El objetivo es fomentar relaciones más saludables y positivas, ayudando a los niños a sentirse escuchados y valorados, mientras se establecen límites claros.
Capítulo 1: Cómo manejar los sentimientos de los niños
Los autores explican que los sentimientos de los niños no deben ser ignorados ni minimizados, ya que esto puede llevar a frustración y desconexión. En lugar de decir frases como “no pasa nada”, es importante validar sus emociones. Estrategias propuestas:
Escuchar con atención, sin interrumpir.
Reflejar los sentimientos del niño con frases como “Entiendo que estás triste porque…”.
Nombrar los sentimientos para ayudar a los niños a identificarlos: “Parece que estás frustrado”.
Evitar consejos inmediatos o juicios.
Capítulo 2: Fomentar la cooperación
El libro destaca que los niños suelen ignorar órdenes o peticiones que perciben como críticas o mandatos autoritarios. Para lograr cooperación, los autores sugieren: Técnicas clave:
Describir el problema: En lugar de culpar, explica la situación: “El jugo se está derramando en la mesa”.
Dar información: En lugar de exigir, comparte datos: “Los juguetes en el suelo pueden hacer que alguien tropiece”.
Ofrecer opciones: Proporciona alternativas para que el niño participe en la solución.
Evitar etiquetas: No etiquetes al niño como “desobediente” o “malo”.
Capítulo 3: Cómo resolver conflictos sin castigos
Los autores proponen una alternativa al castigo tradicional, que a menudo genera resentimiento o rebeldía. En su lugar, sugieren: Pasos recomendados:
Reconocer los sentimientos del niño.
Explicar claramente el problema o la regla.
Dar alternativas para reparar el daño: “¿Cómo crees que podemos solucionar esto?”.
Ayudar al niño a identificar una solución adecuada.
Capítulo 4: Fomentar la autoestima
La autoestima es la base para el desarrollo emocional y social de los niños. Los padres juegan un rol clave al brindar un ambiente que refuerce su sentido de valor y confianza. Consejos prácticos:
Elogiar los esfuerzos y no solo los resultados.
Describir lo que ves en lugar de emitir juicios: “Has trabajado mucho en este dibujo”.
Permitir que el niño experimente pequeños fracasos y aprenda de ellos.
Capítulo 5: La importancia de la autonomía
Darles a los niños la oportunidad de tomar decisiones les ayuda a desarrollar habilidades de resolución de problemas y confianza. Estrategias incluidas:
Ofrecer elecciones en lugar de imponer: “¿Quieres ponerte la chaqueta azul o la roja?”.
Permitir que enfrenten las consecuencias naturales de sus elecciones.
Establecer límites claros, pero con flexibilidad: “Puedes jugar un poco más, pero luego es hora de cenar”.
Capítulo 6: Resolviendo problemas juntos
Los autores promueven la idea de trabajar como equipo para resolver problemas familiares, enseñando a los niños habilidades importantes para la vida. Pasos del proceso colaborativo:
Escucha los sentimientos y necesidades de tu hijo.
Identifica el problema de manera conjunta.
Propongan soluciones juntos.
Decide una solución y ponla en práctica.
Ejercicios prácticos
Reconocer emociones en situaciones cotidianas:
Al escuchar una queja, responde con frases como: “Parece que te sientes molesto porque…”.
Practica identificar emociones con ejemplos concretos: “Si tu amigo te quita el juguete, ¿cómo te sentirías?”.
Práctica de validación:
Imagina situaciones en las que tu hijo se siente frustrado o triste. Practica responder con empatía en lugar de minimizar: “Entiendo que estás triste porque no podemos ir al parque ahora”.
Ofrecer opciones para fomentar autonomía:
Dile al niño: “¿Prefieres limpiar tus juguetes ahora o después de cenar?”. Observa su respuesta y discutan juntos.
Resolución de conflictos simulados:
Escenifica un conflicto común, como no querer compartir un juguete. Practiquen juntos cómo resolverlo con alternativas.
Capítulo adicional: Ejemplos de conversaciones positivas
1. Cuando hay que irse de un sitio y no quiere
Niño: “¡No quiero irme! Todavía quiero jugar.” Padre: “Entiendo que te estés divirtiendo mucho y no quieras que termine. ¿Qué te parece si decimos adiós y volvemos otro día?”
Validar: “Es difícil dejar algo que te gusta tanto.”
Ofrecer alternativas: “Podemos planear venir otra vez pronto, ¿te gustaría eso?”
2. Cuando toca ducharse y no quiere
Niño: “¡No quiero ducharme!” Padre: “Parece que no te apetece nada ahora mismo. ¿Te gustaría elegir si usamos el jabón de fresa o el de coco?”
Involucrarlo: “¿Quieres llenar la bañera tú o prefieres que lo haga yo?”
Dale una razón: “Después de la ducha te sentirás fresco y limpio, y podemos leer juntos tu libro favorito.”
3. Cuando no quiere probar algo de comer
Niño: “No me gusta eso, huele raro.” Padre: “Entiendo que el olor puede parecer extraño. ¿Qué te parece si solo lo pruebas una vez? Si no te gusta, no tienes que comer más.”
Sin presión: “A veces los sabores nuevos necesitan varias oportunidades.”
Juega con la curiosidad: “¿Sabías que este plato es el favorito de [personaje que le guste]?”
4. Cuando no quiere irse a dormir
Niño: “¡No tengo sueño!” Padre: “Entiendo que no sientas ganas de dormir. Pero tu cuerpo necesita descansar para tener energía mañana. ¿Quieres elegir un cuento para leer antes de dormir?”
Establece un ritual: “Después de leer, puedes elegir un peluche para dormir contigo.”
Valida el sentimiento: “A veces es difícil parar cuando estamos entretenidos.”
5. Cuando quiere ver más dibujos animados
Niño: “¡Solo un episodio más, por favor!” Padre: “Sé que te encantan los dibujos y quieres seguir viendo. Pero ya es hora de parar. ¿Qué te parece si lo dejamos en pausa para seguir mañana?”
Ofrecer un límite claro: “Puedes ver hasta que termine este episodio, luego apagamos juntos.”
Planificar juntos: “¿Qué te gustaría hacer después?”
6. Cuando no quiere ir a actividades extraescolares
Niño: “No quiero ir a baloncesto, no me gusta.” Padre: “Parece que no te sientes con ganas hoy. ¿Te pasa algo en particular?”
Investiga: “¿Qué crees que podría hacer más divertido el baloncesto?”
Reformula el objetivo: “Recuerda que lo importante no es ser perfecto, sino divertirte y aprender algo nuevo.”
7. Cuando no quiere levantarse
Niño: “¡Cinco minutos más!” Padre: “Sé que es difícil levantarse temprano, pero si lo hacemos ahora, tendrás más tiempo para desayunar y jugar antes de irnos.”
Crea motivación: “¿Quieres que te prepare tu desayuno favorito para empezar el día?”
Hazlo divertido: “¿Qué te parece si hacemos una carrera para ver quién se viste más rápido?”
Ejemplo adicional: Cuando el niño o niña dice insultos o palabras feas
Escenario: Tu hijo o hija comienza a decir palabras insultantes o inapropiadas, quizás imitándolas de alguien más o probando límites.
Diálogo positivo:
Niño: “¡Eres tonto!” Padre: “Escuché lo que dijiste, y parece que estás molesto. ¿Quieres contarme por qué lo dijiste?”
Primero, valida los sentimientos detrás de las palabras: Padre: “A veces usamos palabras feas cuando estamos frustrados o enojados, pero esas palabras pueden hacer que los demás se sientan mal.”
Luego, explica por qué no es adecuado: Padre: “Cuando decimos cosas feas, las personas piensan que no somos respetuosos o amables. ¿Cómo crees que se siente alguien cuando escucha eso?”
Niño: “No sé, pero lo escuché en la tele.” Padre: “A veces escuchamos palabras en la tele o de otras personas, pero eso no significa que estén bien. Tú eres muy listo, y sé que puedes encontrar palabras mejores para expresar cómo te sientes.”
Qué hacer después del diálogo:
Ofrecer alternativas:
Enséñale frases que pueda usar en lugar de insultos: Padre: “En lugar de decir ‘eres tonto’, puedes decir ‘me siento enfadado porque no me estás escuchando’.”
Reforzar con ejemplos positivos:
Padre: “Cuando alguien usa palabras respetuosas, como ‘por favor’ o ‘lo siento’, hace que los demás se sientan bien y quieran estar con él.”
Crear un acuerdo o norma familiar:
Padre: “En nuestra casa, usamos palabras que nos hacen sentir bien a todos. Si necesitas ayuda para encontrar esas palabras, puedo ayudarte.”
Consejos adicionales:
Evita ridiculizar o reaccionar exageradamente: Responde con calma, sin castigar directamente, ya que esto puede reforzar el comportamiento.
Modela el lenguaje que deseas: Si tú evitas usar insultos o palabras feas, es más probable que tu hijo haga lo mismo.
Refuerza lo positivo: Elogia cuando use un lenguaje respetuoso: Padre: “Me gustó cómo pediste las cosas con respeto hoy. Eso demuestra lo bien que te comunicas.”
Este enfoque ayuda a enseñar empatía y habilidades de comunicación respetuosa. ¿Te gustaría más ejemplos relacionados?
Ejemplo adicional: Cómo poner límites cuando juegan de forma agresiva o peligrosa
Escenario: Los niños están jugando de manera brusca (empujándose o lanzando objetos), y la madre necesita intervenir para evitar accidentes.
Diálogo positivo:
Madre: “¡Chicos, deteneos un momento! Parece que os estáis divirtiendo mucho, pero lo que estáis haciendo puede ser peligroso.”
Describe el problema sin culpar: Madre: “Cuando os empujáis así, alguien puede caerse y hacerse daño. Quiero que juguéis y os divirtáis, pero necesitamos hacerlo de forma segura.”
Ofrece alternativas para seguir jugando: Madre: “¿Qué os parece si cambiamos este juego por algo más tranquilo, como construir algo con los bloques o jugar a un juego de mesa?”
Establece límites claros: Madre: “Si continuáis jugando de manera peligrosa, tendremos que parar el juego por completo. Podemos buscar algo diferente que os guste.”
Ejemplo adicional: Cómo manejar peleas entre niños
Escenario: Dos niños están peleando, gritan o se empujan por un juguete. La madre interviene para mediar el conflicto.
Diálogo positivo:
Intervenir con calma:Madre: “¡Alto, chicos! Vamos a parar un momento. Veo que estáis enfadados. Vamos a hablar de esto.”
Dar espacio para que cada uno exprese su punto de vista:Madre: “Primero tú (señalando a uno). Cuéntame qué pasó. Ahora tú (dirigiéndose al otro), dime tu versión.”
Reflejar los sentimientos y el problema:Madre: “Entiendo que tú querías jugar con el coche, y que tú también lo querías al mismo tiempo. Eso puede ser frustrante.”
Guiar hacia una solución juntos:Madre: “¿Qué os parece si os turnáis? Uno puede jugar con el coche mientras el otro elige otro juguete, y luego cambiáis.”
Si no llegan a un acuerdo: Madre: “Si no podéis resolverlo, puedo guardar el juguete por un rato y luego lo intentamos de nuevo.”
Enseñar herramientas para resolver conflictos:Madre: “La próxima vez, podéis intentar decir: ‘¿Te importa si lo usamos por turnos?’ o buscar algo mientras esperáis.”
Consejos adicionales:
Usa un tono suave pero firme: Esto transmite autoridad sin generar miedo o resistencia.
Modela la resolución de conflictos: Haz visible cómo llegas a acuerdos justos y respetuosos.
Fomenta el buen comportamiento: Madre: “Hoy habéis hecho un gran trabajo turnándoos para jugar. Estoy muy orgullosa de vosotros.”
Estos enfoques no solo refuerzan los límites de manera respetuosa, sino que también ayudan a los niños a desarrollar habilidades como la paciencia, el autocontrol y la empatía.😊
Ejemplo adicional: Cuando el niño no quiere compartir
Escenario: Un niño está jugando con algo y se niega a compartir con su hermano o amigo.
Diálogo positivo:
Madre: “Veo que estás disfrutando mucho con ese juguete y no quieres que lo usen ahora. Eso está bien, pero también a los demás les gusta jugar. ¿Qué podemos hacer para que todos tengan una oportunidad?”
Valida sus sentimientos: Madre: “Entiendo que a veces no es fácil compartir algo que te gusta mucho.”
Ofrece opciones: Madre: “Puedes jugar un poco más y luego turnarte, o elegir otro juguete para compartir ahora mismo.”
Enséñale empatía: Madre: “Cuando compartes, los demás también están felices de compartir contigo después. ¿Te acuerdas de cómo te sentiste cuando [nombre del amigo/hermano] te prestó su juguete?”
Ejemplo adicional: Cuando el niño se frustra porque algo no le sale bien
Escenario: El niño está intentando hacer algo (por ejemplo, un dibujo, un rompecabezas) y se enoja porque no lo consigue.
Diálogo positivo:
Madre: “Parece que estás muy frustrado porque esto no está saliendo como quieres. Eso puede ser muy molesto, ¿verdad?”
Valida el esfuerzo: Madre: “Sé que estás trabajando duro en esto. A veces, aprender algo nuevo lleva tiempo.”
Ofrece apoyo sin hacerlo por él: Madre: “¿Qué te parece si lo intentamos juntos? Puedo ayudarte un poco, pero quiero que seas tú quien lo consiga.”
Refuerza la perseverancia: Madre: “Cuando te esfuerzas y sigues intentando, mejoras cada vez más. Estoy orgullosa de que no te rindas.”
Ejemplo adicional: Cuando el niño miente
Escenario: Descubres que el niño ha mentido, por ejemplo, diciendo que no ha roto algo o que ya ha terminado una tarea que no hizo.
Diálogo positivo:
Madre: “Quiero hablar contigo sobre lo que dijiste antes. Parece que no fue completamente cierto. ¿Te gustaría contarme por qué lo dijiste?”
Evita castigar inmediatamente: Madre: “A veces decimos cosas que no son verdad porque nos sentimos nerviosos o no sabemos cómo explicar algo. Es importante decir la verdad para que podamos confiar el uno en el otro.”
Explícale las consecuencias de mentir: Madre: “Cuando no decimos la verdad, las personas pueden sentirse tristes o dejar de confiar en nosotros. Siempre puedes decirme lo que pasó, incluso si es algo difícil.”
Ofrece un camino para corregirlo: Madre: “¿Qué te parece si pensamos juntos en cómo arreglar esto? Estoy aquí para ayudarte.”
Ejemplo adicional: Cuando el niño no quiere ayudar en casa
Escenario: Le pides que recoja sus juguetes o que ayude con una tarea sencilla, y se niega.
Diálogo positivo:
Madre: “Veo que no tienes ganas de recoger ahora mismo. Es normal que no siempre nos apetezca hacer ciertas cosas.”
Explícale la importancia de colaborar: Madre: “Pero en esta casa todos ayudamos porque somos un equipo. Si tú no recoges, alguien más tendrá que hacerlo, y eso no sería justo.”
Hazlo divertido: Madre: “¿Qué te parece si hacemos una carrera para ver quién recoge más rápido? O podemos poner música mientras lo hacemos.”
Establece límites claros: Madre: “Podemos jugar después de recoger. Si necesitas ayuda, puedo empezar contigo, pero es importante que hagas tu parte.”
Ejemplo adicional: Cuando el niño quiere toda tu atención y no puedes dársela
Escenario: El niño te interrumpe constantemente mientras trabajas o haces algo importante.
Diálogo positivo:
Madre: “Veo que quieres contarme algo o que necesitas mi atención. Eso es importante para mí, y quiero escucharte.”
Valida la necesidad del niño: Madre: “A veces, parece difícil esperar cuando necesitas algo, ¿verdad?”
Establece un límite temporal: Madre: “Voy a terminar lo que estoy haciendo en cinco minutos, y luego estoy toda para ti. Mientras tanto, ¿quieres hacer un dibujo o jugar con tus bloques?”
Cumple lo prometido: Madre: “Gracias por esperar. Ahora cuéntame todo lo que querías decirme.”
Estas situaciones reflejan desafíos cotidianos que todos enfrentamos con los niños. Adaptar estos ejemplos a cada momento y contexto puede ayudar a fortalecer el vínculo con ellos, enseñarles habilidades valiosas y mantener una relación basada en respeto y empatía. ¿Quieres que amplíe algún ejemplo o añada más ideas? 😊