Cómo mantener la calma emocional cuando todo cambia constantemente

Ni la euforia eres tú. Ni el bajón eres tú.

Hay días en los que te sientes capaz de todo.

La energía fluye.

Las ideas aparecen.

La motivación crece.

Y parece que la vida por fin encaja.

Entonces haces planes.

Sueñas.

Corres.

Te entusiasmas.

Y sin darte cuenta empiezas a pensar que ese estado durará para siempre.

Pero unos días después…

algo cambia.

La energía baja.

La inspiración desaparece.

La motivación se esconde.

Y aparece una sensación extraña.

Como si hubieras perdido algo.

Como si hubieras retrocedido.

Como si estuvieras haciendo algo mal.

Pero quizá no está pasando nada malo.

Quizá simplemente estás siendo humano.

Porque la naturaleza no vive en línea recta.

El mar tiene mareas.

La luna tiene fases.

Las estaciones cambian.

Y tu mundo emocional también.

El problema aparece cuando nos identificamos demasiado con cada estado.

Cuando creemos que somos la euforia.

O cuando creemos que somos el bajón.

Y no somos ninguna de las dos cosas.

La euforia pasa.

La tristeza pasa.

La tensión pasa.

La calma pasa.

Todo pasa.


Y sin embargo hay algo dentro de ti que permanece.

Algo que observa todos esos movimientos.

Como la montaña observa las nubes.

Como el cielo observa las tormentas.

Ese lugar es tu centro.

Y cuanto más aprendes a vivir desde ahí…

menos te arrastran los extremos.

Porque empiezas a entender que no necesitas perseguir desesperadamente los momentos altos.

Ni asustarte cuando llegan los bajos.

Ambos forman parte de la danza de la vida.

La inteligencia emocional consiste en dejar de pelearte con tus estados internos.

En comprender que sentir menos energía algunos días no significa que estés peor.

Que sentir incertidumbre no significa que hayas perdido el camino.

Que sentir tristeza no significa que hayas perdido la luz.

A veces simplemente estás respirando al ritmo natural de la existencia.

La inteligencia espiritual va todavía más lejos.

Nos recuerda que la paz no nace cuando todo es perfecto.

La paz nace cuando dejas de depender de que todo sea perfecto.

Cuando aprendes a permanecer en tu centro mientras la vida cambia alrededor.

Porque seguirá cambiando.

Habrá días de entusiasmo.

Días de dudas.

Días de inspiración.

Días de cansancio.

Días de amor.

Días de nostalgia.

Y ninguno de ellos define quién eres.

Son visitantes.

Experiencias.

Nubes atravesando el cielo.

Tú eres el cielo.

Así que la próxima vez que llegue una gran alegría…

disfrútala.

Celébrala.

Pero no te aferres a ella.

Y cuando llegue un momento de bajón…

abrázalo.

Escúchalo.

Pero tampoco te quedes atrapado ahí.

Porque ambos pasarán.

Y tú seguirás siendo tú.

Respirando.

Aprendiendo.

Creciendo.

Volviendo una y otra vez a ese lugar tranquilo dentro de ti donde nada necesita demostrarse.

Donde no hace falta correr.

Donde no hace falta resistirse.

Donde simplemente puedes estar.

Y quizá esa sea una de las mayores sabidurías de la vida:

Aprender a bailar con las olas sin olvidar que, en el fondo, sigues siendo océano. 🌹

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