Fluir con la vida: el arte profundo de soltar

Hay un momento —casi siempre silencioso— en el que la vida nos invita a aflojar las manos.
No porque hayamos hecho algo mal, sino porque hemos estado sujetando demasiado fuerte.

Soltar planes, expectativas, personas o ideas de cómo deberían ser las cosas no es rendirse.
Es escuchar.
Es dejar de empujar el río y permitir que el agua nos lleve donde el cauce ya sabe ir.

Nos educaron para planificar, controlar, prever. Para creer que si pensamos lo suficiente, si nos esforzamos un poco más, si insistimos con la dosis justa de voluntad… todo encajará.
Pero la vida —sabia, orgánica, indomable— no funciona como una hoja de Excel.

Funciona como un bosque.
Como un latido.
Como una respiración.




Cuando algo se va, no siempre es una pérdida

Desde una mirada espiritual profunda, lo que no es para nosotras no se sostiene en el tiempo.
Puede acercarse, quedarse un rato, enseñarnos algo… pero no echa raíces.

Y cuando se va, duele. Claro que duele.
Porque no solo se va lo que era, sino también lo que imaginábamos que podía llegar a ser.

El dolor inicial no es señal de error, sino de humanidad.
No lloramos porque aquello fuera perfecto, sino porque habíamos depositado esperanza, ilusión, proyección.

Las tradiciones espirituales coinciden en algo esencial:

> la vida no quita, recoloca.



Lo que se cae estaba ocupando un lugar que no le correspondía.
Y hasta que no queda vacío, lo verdadero no puede llegar.




El cerebro también necesita soltar

Desde la psicología y la neurociencia, soltar expectativas tiene un impacto profundo y medible.

El cerebro humano busca predictibilidad. Las expectativas son, en el fondo, una forma de reducir incertidumbre. El problema aparece cuando confundimos expectativa con realidad, y nos aferramos a un guion interno rígido.

Cuando la realidad no coincide con ese guion, el sistema nervioso entra en estrés:

Se activa la amígdala (alerta, miedo, amenaza).

Aumenta el cortisol.

Aparecen la rumiación, la ansiedad y la frustración.


Soltar no es dejar de desear.
Es dejar de exigirle a la realidad que cumpla un contrato que nunca firmó.

La flexibilidad psicológica —clave en la salud mental— se basa justo en esto:
adaptarnos sin rompernos, reajustar sin castigarnos.




Fluir no es pasividad: es inteligencia emocional

Fluir con la vida no significa “me da igual todo”.
Significa escuchar con atención lo que la vida nos está mostrando.

Hay una gran diferencia entre:

Forzar una puerta cerrada
y

Reconocer que ese no era el camino.


La ciencia del bienestar habla de un concepto precioso: aceptación activa.
Aceptar no es resignarse.
Es dejar de pelear con lo que ya es, para poder actuar desde la calma.

Cuando soltamos planes rígidos:

El cuerpo se relaja.

La mente se vuelve más creativa.

Aparecen soluciones que antes no veíamos.


Porque la rigidez estrecha la mirada.
La fluidez la expande.




Lo que es para ti no te genera guerra interna constante

Hay una señal silenciosa, pero muy fiable:
lo que es para ti, aunque tenga retos, no te desgarra por dentro todo el tiempo.

No exige que te traiciones.
No te pide que te encojas.
No te mantiene en un estado permanente de lucha.

Lo que no es para ti suele venir acompañado de:

Justificaciones continuas.

Esperar a que “cambie”.

Sensación de ir a contracorriente.

Cansancio del alma.


Cuando algo se va, a veces la vida está diciendo:
“Ya no necesitas aprender más desde aquí”.




El duelo de soltar también es sagrado

Soltar merece duelo.
Tiempo.
Respeto.

Espiritualmente, cerrar un ciclo es un acto de amor.
Psicológicamente, es una integración necesaria.

Negar el dolor lo enquista.
Permitirte sentirlo lo transforma.

Y poco a poco ocurre algo casi imperceptible:
el apego se afloja…
la respiración se amplía…
y el corazón recupera espacio.

No porque olvides, sino porque comprendes.




Fluir es confiar en una inteligencia mayor

Desde una mirada más profunda, fluir es un acto de confianza radical:
confiar en que la vida ve más que tu miedo.
Más que tu urgencia.
Más que tus planes a corto plazo.

Hay algo —llámalo conciencia, vida, amor, orden natural— que sabe recolocar las piezas mejor de lo que nuestra mente ansiosa puede imaginar.

Cuando dejamos de controlar cada detalle, no perdemos poder:
recuperamos presencia.

Y desde ahí, la vida no se empobrece.
Se vuelve más honesta.
Más ligera.
Más viva.




A veces, soltar es el mayor acto de amor propio

Soltar es decirte:
“No necesito forzar para merecer”.
“No tengo que quedarme donde no florezco”.
“Confío en que lo que venga será más verdadero”.

Y aunque al principio duela, luego llega algo profundo y silencioso:
una paz que no depende de que todo salga como pensabas.

Fluir con la vida no es que todo sea fácil.
Es que deja de ser una guerra.

Y ahí —justo ahí— empieza algo nuevo.
Algo más alineado.
Más tú.

Después de la tormenta…

Hay ocasiones en las que estás viendo que va a llover, porque el cielo está gris, porque has visto el pronóstico, porque lo notas en las entrañas… Pero aun así, decides no llevar y olvidar el paraguas. ¿Verdad?

Esto me ha pasado por unas semanas desde una intervención de urgencias de apendicitis. Y no por saber que iba a llover. Sino por saber que con esto no me tenía que hundir,que  igual pues, podría salir para adelante con mi vida. Eso dicen, está claro, es algo «sencillo», «rutinario»… Es un: «Bah eso no es nah». ¿Pero y mi paraguas? ¿Por qué no cogí mi paraguas y me distancié?

Yo aún así me he mojado, de miedo y de vulnerabilidad, y de decepción. Sentí miedo en la camilla (a no volver a despertar, a no ver crecer a mi chiquito). Sentí angustia todo el día esperando en un sillón del hospital sin saber si me operarían o no. Me mojé y asusté también por no poder seguir bien con mi vida después. Por los riesgos  y dolores del postoperatorio, por no poder o deber hablar, ni reír ni toser, para no tener secuelas como hernias.

Paraguas en mano y corazón, o más bien sin él, unas semanas después, aún me encuentro un poco mojada y tocada en mis sentimientos. Aún no me veo del todo yo, no lo fuerte y alegre que suelo ser y estar, aún echo de menos el cuidado de unos padres, los míos❤️ que, gracias doy, pudieron venir a atenderme y ayudarme. Y aún estoy agradeciendo, haber tenido más vidas extra en el juego que es vivir.

Cada día la tormenta pasa más, pero aún tengo una pregunta a mi ser, ¿por qué he tenido que experimentar esto? Me sentí decepcionada conmigo, de creer que por más esfuerzos que hago, mis emociones aún me bloquean y enferman a veces, como a todo hijo de vecino. Supongo que necesitaba atesorar más momentos vividos, bonitos unos, y doloridos otros, para ser mi mejor yo posible y confiar más en el fluir de la vida. Para ser solo una parte más de ella. Y crear eso sí, una obra tan auténtica y tan mía como pueda. Gracias gracias gracias ✨

Equilibrio

Ansiedad, miedo, temores (in) fundados

Cuando todo se tambalea

Cuando los mismos cimientos tiemblan

Y notas dos ríos por ojos

Que quieren ir al mar

Pero les mandas seguir secos

Ese momento de controlarnos es esencial

No permitir que las emociones me colapsen, me dominen

Amigo miedo: te noto y te agradezco por tus cuidados

Pero no me hagas ver escenarios

Que no deseo ni preveo

Solo adviérteme, pero suavecito

Para que sigamos todos bien

Que no hay regalo más preciado

Que la propia existencia

Gracias por mi vida

Gracias por mi salud

Gracias por mi familia

Gracias por estar aquí

La neblina

Hay días que la cabeza parece estar rodeada por una nube gris que no permite ver las cosas con claridad. Que todo es un mundo lleno de agobios, que el peso que cae sobre los hombros es demasiado pronunciado para poder tomar la vida con alegría.

El trabajo, la lista de tareas pendientes, el desorden vital, en el hogar, en la familia, las llamadas pendientes, los deseos… todo se amontona y se convierte en un torbellino arrollador, que no permite pensar con coherencia, ni sentir las cosas en su magnitud correcta.

Es necesario pararse a pensar, a sentir, a escribir, a estructurar las ideas, las cosas por hacer anotarlas, los deseos por cumplir sopesarlos con los cumplidos, para que la ambición inacabable del ego no nos queme. Pararse a analizar y darle argumentos a esa neblina para ver que los quehaceres ni son insalvables, ni son tan numerosos. El cerebro parece tiene una tendencia o capa de auto exageración, de dramatización, de auto protección excesiva, que ante cualquier reto, nos plantea una amenaza enorme. Nos busca y crea problemas, que muchas veces son inexistentes.

Sí, vale, hay cosas por hacer. Pero si ordeno las ideas y las hago, una tras otra, me doy cuenta de que no eran tan difíciles ni pesadas, que esas 4 llamadas por gestiones pendientes eran muy sencillas, solo se trataba de hacerlas en lugar de postergarlas y sumarlas al peso y barullo de mi neblina.

Además: ¿quién me dice que no voy a poder hacer las tareas bien? ¿por qué yo no? ¿qué tengo de malo? Si rascamos una capa mental más al fondo, muchas veces encontramos, un sesgo mental de «no sé, no puedo hacer las cosas, no soy suficientemente buena…». Una falta de amor y auto aceptación, una voz interior que en lugar de sumar, nos resta, nos dice que no vamos a saber hacerlo, no nosotros. ¿Y quién sí? ¿los demás, nuestros padres? Me gusta escribir para plantear la preguntas necesarias a esta negatividad. Y darles la respuesta: si los demás has podido aprender, seguramente yo también podré hacerlo.

También hay otra capa mental más sumada a la neblina: los problemas, los deseos, las preocupaciones constantes vitales. Sumado a todo el popurrí, solemos o suelo llevar un ruido mental añadido. Las distorsiones de la felicidad, esas pequeñas o grandes cosas que me ocupan la mente de forma poco constructiva. Los juicios sobre mi propia vida, al igual que los de mi auto concepto sobre mi propio ser, no suelen ser muy acertados. En lugar de observar y agradecer por lo bueno, nos pasamos media vida o más pensando en lo que no nos gusta, en lo que nos gustaría que fuera diferente o más perfecto.

¡¡¡¡¿?Pero bueno??!!!!… ¿Esa es la máquina mental que me ha tocado? ¿la que nos ha tocado a mucha gente por lo que veo? pues habrá que trabajarla, que tunearla, que hacerse consciente de que todo el pensamiento que pase por mi mente, sobre mí misma, o sobre los demás, o sobre mi vida, sencillamente NO ES CIERTO. Con seguridad, estará sesgado por una visión inadecuada de la vida, no acorde a mi ser auténtico y valores profundos. Si la antena de la radio no funciona bien, la música no llega a sonar. O si la frecuencia es muy corta o baja, quizá no escuche las emisoras que necesito.

Ahora, con esta reflexión matinal, gracias a la inspiración del libro el Camino del artista de Julia Cameron, me voy a poner a hacer las cosas, con otro prisma, con otra visión, otra percepción más feliz sobre mí y sobre mi vida. Yo puedo, yo valgo, yo lo merezco. Ojalá el ego solo nos diga este tipo de pensamientos positivos en adelante a todos los seres. Todos podemos, valemos y lo merecemos. Amemos más nuestra vida, a nosotros mismos y a todos los demás (que no son más que luchadores como nosotras y nosotros, solo que con sus propios sesgos vitales, tan parecidos y tan distintos a los nuestros a la vez).

Inteligencia Emocional: ¿a veces comemos porque no sabemos cómo nos sentimos?

Desde hace años sabemos que existe una inteligencia suplementaria (aparte del CI o Coeficiente Intelectual), que está implicada en la comprensión y la gestión de nuestras emociones. Precisamente es esta forma de inteligencia, la «inteligencia emocional», la que parece poder explicar, mejor que cualquier otra, el éxito en la vida. Y dicha inteligencia es muy
independiente del coeficiente intelectual.

Partiendo de la idea de la inteligencia emocional, investigadores de Yale y de New Hampshire han definido un «coeficiente emocional», que permitiría medirla, alrededor de cuatro funciones esenciales:

1) La aptitud para identificar su propio estado emocional y el de los demás.

2) La aptitud para comprender el desarrollo natural de las emociones (igual que un alfil y un caballo se desplazan siguiendo reglas distintas por el tablero de ajedrez, el miedo y la cólera, por ejemplo, evolucionan de forma diferente en el tiempo).

3) La aptitud para razonar sobre las propias emociones y las de los demás.

4) La aptitud para regular las propias emociones y las de los demás.

Por ejemplo: cuando sentimos cansancio, a veces terminamos comiendo, cuando ello no nos va a reducir la fatiga, sino al contrario, nos incrementará la pereza. Conocer exactamente lo que sentimos y tomar el tiempo de escucharnos, nos ayuda a atendernos mejor, como justamente necesitamos en cada momento.

Amor Consciente: Claves Para Relaciones Saludables

La Maestría del Amor – Resumen Extenso y Práctico

Descubre cómo amar sin miedo y sanar tus relaciones según Don Miguel Ruiz

Introducción: El Amor No Es Dolor, Es Libertad

Nos han enseñado que el amor duele, que hay que luchar por él y que, si no nos esforzamos lo suficiente, podemos perderlo. Pero, ¿y si todo lo que nos dijeron sobre el amor estuviera basado en el miedo y la carencia?

En La Maestría del Amor, Don Miguel Ruiz nos enseña que el amor real no tiene que ver con la posesión ni con el sufrimiento, sino con la libertad, la plenitud y la paz interior. Amar desde la carencia nos ata al miedo, pero amar desde la abundancia nos libera.

Este artículo es un resumen detallado del libro con ideas prácticas para:
✅ Sanar heridas emocionales y soltar el miedo al abandono.
✅ Distinguir entre el amor basado en el miedo y el amor basado en la libertad.
✅ Romper patrones tóxicos en las relaciones.
✅ Comprender que el amor propio es la clave para amar sanamente.

Quédate hasta el final, porque también encontrarás una meditación guiada para integrar estos aprendizajes y empezar a vivir el amor de una manera más consciente y liberadora.

Respiración Consciente para Prepararnos

Antes de sumergirnos en estas enseñanzas, tómate un momento para conectar contigo mismo.

1️⃣ Inhala profundamente por la nariz, siente cómo el aire llena tu pecho.
2️⃣ Exhala lentamente por la boca, dejando ir la tensión y el ruido mental.
3️⃣ Repite tres veces: “Estoy listo/a para recibir amor sin miedo.”

Siente cómo tu cuerpo se relaja y tu mente se abre.

Ahora sí, empecemos.

¿Qué es la Maestría del Amor?

El amor no es algo que debamos buscar fuera, sino algo que debemos aprender a vivir desde dentro. Según Don Miguel Ruiz, ser un maestro en el amor significa amar desde la plenitud, sin miedo al rechazo, sin expectativas y sin apego.

Pero… ¿qué nos impide amar de verdad?

La respuesta está en las heridas emocionales, esas experiencias del pasado que nos hicieron creer que el amor era difícil, peligroso o que no éramos suficientes para merecerlo.

El Miedo al Amor: La Causa del Sufrimiento

Desde pequeños, aprendemos que el amor está condicionado:
❌ Si te portas bien, te querrán.
❌ Si haces lo correcto, serás aceptado.
❌ Si eres perfecto, entonces te amarán.

Esto genera un profundo miedo al rechazo y a la soledad, lo que nos hace buscar la validación de los demás en lugar de aprender a amarnos a nosotros mismos.

Las Claves de la Maestría del Amor

Uno. Sanar las Heridas del Pasado

El amor no duele. Lo que duele es la ausencia de amor propio y el miedo al abandono.

Para amar sin miedo, primero debemos identificar y sanar las heridas emocionales que arrastramos del pasado.

📝 Ejercicio práctico:

Reflexiona sobre una relación que te haya causado dolor.

Pregunta: ¿Qué creencias sobre el amor surgieron a partir de esa experiencia?

Escríbelo y obsérvalo desde afuera.

💡 Clave: No puedes cambiar el pasado, pero sí transformar la interpretación que haces de él.

Dos. La Diferencia Entre Amor Basado en el Miedo y Amor Basado en la Libertad

El amor basado en el miedo dice:
❌ “Si te vas, sufriré.”
❌ “Tienes que hacerme feliz.”
❌ “Debo cambiar para que me quieras.”

El amor basado en la libertad dice:
✅ “Te amo porque quiero, no porque necesito.”
✅ “Mi felicidad no depende de ti.”
✅ “Me amo y te amo tal como somos.”

💡 Reflexión: ¿Desde qué tipo de amor estás relacionándote?

Tres. No Confundas Amor con Dependencia

Uno de los errores más comunes es creer que el amor es necesitar al otro para sentirnos completos.

🚨 Señales de dependencia emocional:

Sientes ansiedad si la otra persona no te da atención.

Sacrificas tus necesidades por miedo a que se aleje.

Crees que sin esa persona no puedes ser feliz.

📝 Ejercicio para fortalecer el amor propio:

Cada día, dedica un momento a hacer algo solo/a que te haga feliz.

Recuerda: No puedes dar lo que no tienes. Cuanto más te ames, más amor podrás compartir.

Cuatro. Relaciones Conscientes: Amar sin Posesión ni Control

Las relaciones no son para llenar vacíos, sino para compartir la plenitud.

🌱 Principios del amor consciente:

Libertad: Dejar que el otro sea quien es, sin querer cambiarlo.

Confianza: Saber que el amor no se fuerza, sino que se elige.

Responsabilidad: No hacer al otro responsable de nuestra felicidad.

📝 Ejercicio para relaciones más sanas:

Pregunta a tu pareja o amigo: “¿Qué necesitas de mí para sentirte amado/a?”

Escucha sin juzgar y comparte lo que tú necesitas.

Citas de Don Miguel Ruiz que Transformarán tu Visión del Amor

💬 “No necesitas ser amado por los demás. Necesitas amarte a ti mismo.”

💬 “El amor es incondicional, pero las relaciones no lo son.”

💬 “Si no te amas a ti mismo, no podrás amar a nadie más.”

💡 Reflexiona: ¿Cómo cambiarían tus relaciones si integraras estas ideas?

Meditación para Integrar el Amor Verdadero

Siéntate cómodamente, cierra los ojos y respira profundo.

🌟 Visualiza una luz dorada en tu pecho.
🌟 Siente cómo se expande con cada inhalación.
🌟 Repite mentalmente: “Soy digno/a de amor. Me amo y me acepto tal como soy.”

Permanece en este estado unos momentos, permitiéndote recibir el amor que siempre ha estado dentro de ti.

Conclusión: El Amor No Se Busca, Se Vive

La maestría del amor no se trata de encontrar la pareja perfecta ni de cambiar a los demás. Se trata de aprender a amarnos a nosotros mismos primero y desde ahí, compartir el amor sin miedo, sin dependencia y sin expectativas.

✨ Empieza hoy: Identifica una creencia sobre el amor que te limita y cámbiala por una que te haga sentir libre.

Si esta reflexión te ha resonado, déjame tu opinión en los comentarios y comparte este artículo con alguien que lo necesite.

📩 Suscríbete para recibir más contenido sobre crecimiento personal y relaciones conscientes.

La autocompasión: ¿obstáculo o aprendizaje?

Autocompasión: Entre el obstáculo y la sanación

La autocompasión, como herramienta para evitar el autoengaño y desarrollar una relación más sana contigo mismo, es poderosa. Sin embargo, no siempre se comprende bien, y en su malinterpretación puede convertirse en un obstáculo en lugar de una ayuda. Entender tanto su lado más negativo como su inmenso potencial sanador es clave para transformar tu vida de manera integral: mental, emocional y espiritual.

El lado oscuro de la autocompasión: Cuando se convierte en un refugio paralizante

En su versión más negativa, la autocompasión puede transformarse en una excusa para eludir responsabilidades o quedarse atrapado en el sufrimiento. Este malentendido ocurre cuando la autocompasión se interpreta como autocomplacencia, donde el mensaje se convierte en: «No pasa nada si me quedo en este lugar de dolor; estoy siendo amable conmigo mismo.» Esto puede llevar a:

  • Estancamiento emocional: En lugar de aceptar el dolor como parte del proceso de aprendizaje, puedes quedarte atrapado en él, justificando la inacción con frases como: «Es que estoy pasando por mucho, no puedo hacer nada ahora.»
  • Evitar el crecimiento personal: La compasión mal entendida puede convertirse en un permiso para no asumir retos. En lugar de enfrentarte a una situación difícil o reconocer tus propios errores, te dices: «Está bien que no lo haga ahora, no necesito presionarme.»
  • Autovictimización: En algunos casos, la autocompasión mal canalizada refuerza una narrativa de víctima, donde todo lo que ocurre se percibe como algo injusto y externo, quitándote el poder de cambiar tu situación.

La transmutación sanadora: De la autocompasión negativa a una compasión transformadora

La clave para evitar caer en este lado oscuro es entender que la autocompasión verdadera no es pasiva, sino profundamente activa y transformadora. Se trata de reconocer el dolor, pero también usarlo como un impulso para sanar y crecer. Este proceso puede ser descrito como una transmutación: un cambio profundo que convierte las emociones más densas en aprendizaje, acción y conexión contigo mismo.

Paso 1: Reconocer el dolor sin quedarte atrapado en él

La autocompasión empieza con un reconocimiento honesto: «Sí, estoy pasando por algo difícil.» Pero en lugar de quedarte en ese lugar, hazte la siguiente pregunta: «¿Qué puedo hacer para aliviar este dolor y crecer a partir de esta experiencia?»

  • Ejemplo práctico: Si has cometido un error en el trabajo, no te castigues ni busques excusas para evitar el problema. En lugar de eso, reconoce el error con amabilidad: «He fallado, y es normal porque soy humano. ¿Qué puedo aprender para hacerlo mejor la próxima vez?»

Paso 2: Conectar con tu capacidad de cambio

La verdadera autocompasión reconoce tu capacidad para cambiar y mejorar. Es la voz interior que dice: «No tienes que ser perfecto, pero puedes dar un paso hacia adelante.»

  • Ejercicio emocional: Visualiza el momento en el que sientes el impulso de rendirte o de justificar tu inacción. Cierra los ojos y dite a ti mismo: «Estoy aquí para apoyarte. Vamos a dar el primer paso juntos.» Siente cómo esta afirmación transforma tu resistencia en una chispa de movimiento.

Paso 3: Convertir el sufrimiento en empatía y conexión

La compasión positiva no solo transforma tu relación contigo mismo, sino también con los demás. Cuando trabajas en sanar tu propio dolor, desarrollas una capacidad más profunda para entender y conectar con el dolor de otros. La transmutación ocurre cuando utilizas tu experiencia para crecer y, desde ese crecimiento, ayudar a otros.

  • Ejemplo emocional: Una persona que ha superado una etapa de autoengaño en su vida puede usar su aprendizaje para inspirar a otros. Al compartir su experiencia, no desde la lástima, sino desde el empoderamiento, puede convertirse en un canal de sanación para los demás.

Sanación integral: De lo mental a lo emocional y espiritual

La transmutación de la autocompasión negativa hacia una compasión transformadora no solo cambia cómo te ves a ti mismo, sino que también afecta todas las áreas de tu vida. Este proceso te permite:

  • Liberarte de las cadenas del autoengaño: Cuando te tratas con compasión real, no necesitas engañarte para evitar el dolor. Puedes mirarte con honestidad y aceptarte tal como eres, lo cual abre la puerta a un cambio auténtico.
  • Equilibrar la acción y el descanso: La autocompasión positiva te ayuda a encontrar un equilibrio entre darte tiempo para sanar y empujarte a crecer.
  • Expandir tu conciencia espiritual: En su nivel más elevado, la autocompasión te conecta con algo más grande que tú mismo. Es como si sanar tu relación contigo mismo también sanara tu relación con el mundo.

Reflexión final: Un acto de amor transformador

La autocompasión no es un refugio para eludir la vida; es un acto de amor que te permite enfrentarla con más fuerza y claridad. Al transformar la autocompasión negativa en una compasión activa y sanadora, no solo tomas el control de tu mente, sino que también abres tu corazón a una vida más plena, auténtica y conectada.

Pregúntate ahora:

  • «¿Estoy siendo compasivo conmigo mismo de una manera que me ayuda a crecer?»
  • «¿Cómo puedo usar mi autocompasión para sanar y, al mismo tiempo, actuar?»

Cada día es una oportunidad para transformar el dolor en fuerza, el miedo en aprendizaje y el autoengaño en una verdad sanadora. Todo empieza con un simple acto de amor hacia ti mismo.

Por favor, si queréis disfrutar de más contenidos como estos, suscribiros al canal. Es gratis, se pueden quitar las notificaciones, y me ayudaría mucho.

¿Te gustaría añadir algo ?😊 Dime en los comentarios.