Hay un momento —casi siempre silencioso— en el que la vida nos invita a aflojar las manos.
No porque hayamos hecho algo mal, sino porque hemos estado sujetando demasiado fuerte.
Soltar planes, expectativas, personas o ideas de cómo deberían ser las cosas no es rendirse.
Es escuchar.
Es dejar de empujar el río y permitir que el agua nos lleve donde el cauce ya sabe ir.
Nos educaron para planificar, controlar, prever. Para creer que si pensamos lo suficiente, si nos esforzamos un poco más, si insistimos con la dosis justa de voluntad… todo encajará.
Pero la vida —sabia, orgánica, indomable— no funciona como una hoja de Excel.
Funciona como un bosque.
Como un latido.
Como una respiración.
—
Cuando algo se va, no siempre es una pérdida
Desde una mirada espiritual profunda, lo que no es para nosotras no se sostiene en el tiempo.
Puede acercarse, quedarse un rato, enseñarnos algo… pero no echa raíces.
Y cuando se va, duele. Claro que duele.
Porque no solo se va lo que era, sino también lo que imaginábamos que podía llegar a ser.
El dolor inicial no es señal de error, sino de humanidad.
No lloramos porque aquello fuera perfecto, sino porque habíamos depositado esperanza, ilusión, proyección.
Las tradiciones espirituales coinciden en algo esencial:
> la vida no quita, recoloca.
Lo que se cae estaba ocupando un lugar que no le correspondía.
Y hasta que no queda vacío, lo verdadero no puede llegar.
—
El cerebro también necesita soltar
Desde la psicología y la neurociencia, soltar expectativas tiene un impacto profundo y medible.
El cerebro humano busca predictibilidad. Las expectativas son, en el fondo, una forma de reducir incertidumbre. El problema aparece cuando confundimos expectativa con realidad, y nos aferramos a un guion interno rígido.
Cuando la realidad no coincide con ese guion, el sistema nervioso entra en estrés:
Se activa la amígdala (alerta, miedo, amenaza).
Aumenta el cortisol.
Aparecen la rumiación, la ansiedad y la frustración.
Soltar no es dejar de desear.
Es dejar de exigirle a la realidad que cumpla un contrato que nunca firmó.
La flexibilidad psicológica —clave en la salud mental— se basa justo en esto:
adaptarnos sin rompernos, reajustar sin castigarnos.
—
Fluir no es pasividad: es inteligencia emocional
Fluir con la vida no significa “me da igual todo”.
Significa escuchar con atención lo que la vida nos está mostrando.
Hay una gran diferencia entre:
Forzar una puerta cerrada
y
Reconocer que ese no era el camino.
La ciencia del bienestar habla de un concepto precioso: aceptación activa.
Aceptar no es resignarse.
Es dejar de pelear con lo que ya es, para poder actuar desde la calma.
Cuando soltamos planes rígidos:
El cuerpo se relaja.
La mente se vuelve más creativa.
Aparecen soluciones que antes no veíamos.
Porque la rigidez estrecha la mirada.
La fluidez la expande.
—
Lo que es para ti no te genera guerra interna constante
Hay una señal silenciosa, pero muy fiable:
lo que es para ti, aunque tenga retos, no te desgarra por dentro todo el tiempo.
No exige que te traiciones.
No te pide que te encojas.
No te mantiene en un estado permanente de lucha.
Lo que no es para ti suele venir acompañado de:
Justificaciones continuas.
Esperar a que “cambie”.
Sensación de ir a contracorriente.
Cansancio del alma.
Cuando algo se va, a veces la vida está diciendo:
“Ya no necesitas aprender más desde aquí”.
—
El duelo de soltar también es sagrado
Soltar merece duelo.
Tiempo.
Respeto.
Espiritualmente, cerrar un ciclo es un acto de amor.
Psicológicamente, es una integración necesaria.
Negar el dolor lo enquista.
Permitirte sentirlo lo transforma.
Y poco a poco ocurre algo casi imperceptible:
el apego se afloja…
la respiración se amplía…
y el corazón recupera espacio.
No porque olvides, sino porque comprendes.
—
Fluir es confiar en una inteligencia mayor
Desde una mirada más profunda, fluir es un acto de confianza radical:
confiar en que la vida ve más que tu miedo.
Más que tu urgencia.
Más que tus planes a corto plazo.
Hay algo —llámalo conciencia, vida, amor, orden natural— que sabe recolocar las piezas mejor de lo que nuestra mente ansiosa puede imaginar.
Cuando dejamos de controlar cada detalle, no perdemos poder:
recuperamos presencia.
Y desde ahí, la vida no se empobrece.
Se vuelve más honesta.
Más ligera.
Más viva.
—
A veces, soltar es el mayor acto de amor propio
Soltar es decirte:
“No necesito forzar para merecer”.
“No tengo que quedarme donde no florezco”.
“Confío en que lo que venga será más verdadero”.
Y aunque al principio duela, luego llega algo profundo y silencioso:
una paz que no depende de que todo salga como pensabas.
Fluir con la vida no es que todo sea fácil.
Es que deja de ser una guerra.
Y ahí —justo ahí— empieza algo nuevo.
Algo más alineado.
Más tú.
Etiqueta: emociones
Cuando tu mente se convierte en tu juez más duro (y cómo empezar a soltar)
Voy a hablarte claro, pero con cuidado.
Con respeto.
Porque lo que te pasa no es debilidad, ni falta de disciplina, ni un defecto personal. Duele, sí. Pero tiene sentido.
Respira mientras lees.
No estás rota.
Por qué algunas personas nos machacamos tanto por dentro
Existe una idea muy extendida —y muy injusta— de que si alguien se exige mucho es porque “quiere hacerlo perfecto” o porque “no sabe relajarse”.
La realidad es otra.
Hay personas con una mente muy despierta, muy consciente, muy sensible a los matices. Personas que:
– piensan rápido
– piensan profundo
– ven posibilidades donde otras no ven nada
– detectan errores antes de que aparezcan
– son muy conscientes de sí mismas
Y aquí está la clave:
cuanto más ves, más te juzgas.
Donde otras personas ven “suficiente”, tú ves todo lo que podría mejorar.
Donde otras pasan página, tú sigues revisando.
Eso no es soberbia.
Es hiperconciencia.
Esa voz interna cruel no es tu verdadera voz
Esa voz que aparece y te dice:
– “No es suficiente”
– “Esto no está al nivel”
– “Podrías hacerlo mejor”
– “Así no vale”
– “Estás perdiendo el tiempo”
No es intuición.
No es lucidez.
No es exigencia sana.
Es una voz aprendida.
Una voz que suele nacer cuando, durante mucho tiempo, el valor personal se confunde con el rendimiento. Cuando el reconocimiento llega más por lo que haces que por lo que eres. Cuando equivocarse parece peligroso. Cuando parar da miedo.
Esa voz no intenta que crezcas. Intenta que no falles. Que no decepciones. Que no pierdas “valor”.
El problema es que, para hacerlo, te exprime.
Autoexigencia y perfeccionismo: una combinación que agota
El perfeccionismo no es querer hacerlo bien.
Es sentir que si no es excelente, no vale.
Y eso tiene efectos muy reales:
– bloqueo
– procrastinación
– ansiedad constante
– sensación de improductividad
– agotamiento mental
– pérdida del disfrute
La paradoja es dura, pero cierta:
cuanto más te presionas, menos fluyes.
El cerebro bajo amenaza no crea. Sobrevive.
“Si no rindo al máximo, no sirvo”: el gran engaño
Esto es importante. Léelo despacio.
Tu productividad no es lineal.
Tu mente:
– trabaja en segundo plano
– conecta ideas mientras parece distraída
– necesita pausas para integrar
– no funciona bien con rigidez constante
Cuando intentas forzarla a rendir como una máquina, algo se rompe por dentro. Y entonces aparece la ansiedad. Y con ella, el látigo interno.
No es que no seas productiva.
Es que te estás exigiendo desde un modelo que no es humano.
Pensar diferente no es el problema
Hay personas cuya mente genera muchas ideas, muchos caminos posibles, muchas mejoras potenciales. Eso hace que cueste cerrar, dar algo por terminado, decir “ya está bien”.
El problema no es pensar así.
El problema es no haber aprendido a convivir con esa forma de pensar con amabilidad.
Sin permiso para parar.
Sin permiso para equivocarse.
Sin permiso para que algo sea “suficiente”.
La ansiedad no aparece porque seas débil
Aparece porque te aprietas demasiado.
Cuando dices:
“Me aprieto hasta no poder más”
No es una metáfora. Es literal.
Estás funcionando desde el miedo:
– a no llegar
– a fallar
– a no ser suficiente
– a parar
La ansiedad no es el enemigo.
Es la alarma.
Cuanto más compleja es tu mente, más suavidad necesita
Las mentes que piensan mucho no se activan con presión.
Se activan con seguridad.
Necesitan:
– permiso para no saber
– margen para el error
– ritmos flexibles
– reconocimiento del proceso, no solo del resultado
No necesitas exigirte más.
Necesitas un entorno interno menos hostil.
Cuando tu propia mente parece boicotearte
Llega un punto en el que el juez interno ocupa todo el espacio. Y entonces desaparecen:
– la creatividad
– la curiosidad
– el disfrute
– la fluidez
Eso es desesperante.
Y agotador.
Pero no es irreversible.
No estás fallando: te estás exigiendo desde el miedo
No te falta disciplina.
No te falta capacidad.
No te falta talento.
Te falta algo mucho más difícil y más valioso:
compasión hacia tu propia mente.
Aprender a decir:
– “Esto es suficiente por hoy”
– “No tiene que ser perfecto para ser válido”
– “Mi mente necesita pausa”
– “No soy una máquina de rendimiento”
Eso también es inteligencia.
Y muy alta.
Y ahora, algo importante de verdad
No eres tu voz interna cruel.
No eres tu ansiedad.
No eres tu bloqueo.
Eres una persona que aprendió a exigirse para sobrevivir, no para vivir.
Y eso se puede desaprender.
Poco a poco.
Con cuidado.
Sin violencia interna.
Si quieres, en otro momento puedo ayudarte a:
– desmontar esa voz interna
– crear una forma de trabajar más amable
– entender tu ritmo sin culpa
– o disfrutar de esta meditación especial para ti, para esta auto exigencia
No estás sola en esto.
Y no, no estás fallando.
Después de la tormenta…
Hay ocasiones en las que estás viendo que va a llover, porque el cielo está gris, porque has visto el pronóstico, porque lo notas en las entrañas… Pero aun así, decides no llevar y olvidar el paraguas. ¿Verdad?
Esto me ha pasado por unas semanas desde una intervención de urgencias de apendicitis. Y no por saber que iba a llover. Sino por saber que con esto no me tenía que hundir,que igual pues, podría salir para adelante con mi vida. Eso dicen, está claro, es algo «sencillo», «rutinario»… Es un: «Bah eso no es nah». ¿Pero y mi paraguas? ¿Por qué no cogí mi paraguas y me distancié?
Yo aún así me he mojado, de miedo y de vulnerabilidad, y de decepción. Sentí miedo en la camilla (a no volver a despertar, a no ver crecer a mi chiquito). Sentí angustia todo el día esperando en un sillón del hospital sin saber si me operarían o no. Me mojé y asusté también por no poder seguir bien con mi vida después. Por los riesgos y dolores del postoperatorio, por no poder o deber hablar, ni reír ni toser, para no tener secuelas como hernias.
Paraguas en mano y corazón, o más bien sin él, unas semanas después, aún me encuentro un poco mojada y tocada en mis sentimientos. Aún no me veo del todo yo, no lo fuerte y alegre que suelo ser y estar, aún echo de menos el cuidado de unos padres, los míos❤️ que, gracias doy, pudieron venir a atenderme y ayudarme. Y aún estoy agradeciendo, haber tenido más vidas extra en el juego que es vivir.
Cada día la tormenta pasa más, pero aún tengo una pregunta a mi ser, ¿por qué he tenido que experimentar esto? Me sentí decepcionada conmigo, de creer que por más esfuerzos que hago, mis emociones aún me bloquean y enferman a veces, como a todo hijo de vecino. Supongo que necesitaba atesorar más momentos vividos, bonitos unos, y doloridos otros, para ser mi mejor yo posible y confiar más en el fluir de la vida. Para ser solo una parte más de ella. Y crear eso sí, una obra tan auténtica y tan mía como pueda. Gracias gracias gracias ✨
Equilibrio
Ansiedad, miedo, temores (in) fundados
Cuando todo se tambalea
Cuando los mismos cimientos tiemblan
Y notas dos ríos por ojos
Que quieren ir al mar
Pero les mandas seguir secos
Ese momento de controlarnos es esencial
No permitir que las emociones me colapsen, me dominen
Amigo miedo: te noto y te agradezco por tus cuidados
Pero no me hagas ver escenarios
Que no deseo ni preveo
Solo adviérteme, pero suavecito
Para que sigamos todos bien
Que no hay regalo más preciado
Que la propia existencia
Gracias por mi vida
Gracias por mi salud
Gracias por mi familia
Gracias por estar aquí
La neblina
Hay días que la cabeza parece estar rodeada por una nube gris que no permite ver las cosas con claridad. Que todo es un mundo lleno de agobios, que el peso que cae sobre los hombros es demasiado pronunciado para poder tomar la vida con alegría.
El trabajo, la lista de tareas pendientes, el desorden vital, en el hogar, en la familia, las llamadas pendientes, los deseos… todo se amontona y se convierte en un torbellino arrollador, que no permite pensar con coherencia, ni sentir las cosas en su magnitud correcta.
Es necesario pararse a pensar, a sentir, a escribir, a estructurar las ideas, las cosas por hacer anotarlas, los deseos por cumplir sopesarlos con los cumplidos, para que la ambición inacabable del ego no nos queme. Pararse a analizar y darle argumentos a esa neblina para ver que los quehaceres ni son insalvables, ni son tan numerosos. El cerebro parece tiene una tendencia o capa de auto exageración, de dramatización, de auto protección excesiva, que ante cualquier reto, nos plantea una amenaza enorme. Nos busca y crea problemas, que muchas veces son inexistentes.
Sí, vale, hay cosas por hacer. Pero si ordeno las ideas y las hago, una tras otra, me doy cuenta de que no eran tan difíciles ni pesadas, que esas 4 llamadas por gestiones pendientes eran muy sencillas, solo se trataba de hacerlas en lugar de postergarlas y sumarlas al peso y barullo de mi neblina.
Además: ¿quién me dice que no voy a poder hacer las tareas bien? ¿por qué yo no? ¿qué tengo de malo? Si rascamos una capa mental más al fondo, muchas veces encontramos, un sesgo mental de «no sé, no puedo hacer las cosas, no soy suficientemente buena…». Una falta de amor y auto aceptación, una voz interior que en lugar de sumar, nos resta, nos dice que no vamos a saber hacerlo, no nosotros. ¿Y quién sí? ¿los demás, nuestros padres? Me gusta escribir para plantear la preguntas necesarias a esta negatividad. Y darles la respuesta: si los demás has podido aprender, seguramente yo también podré hacerlo.
También hay otra capa mental más sumada a la neblina: los problemas, los deseos, las preocupaciones constantes vitales. Sumado a todo el popurrí, solemos o suelo llevar un ruido mental añadido. Las distorsiones de la felicidad, esas pequeñas o grandes cosas que me ocupan la mente de forma poco constructiva. Los juicios sobre mi propia vida, al igual que los de mi auto concepto sobre mi propio ser, no suelen ser muy acertados. En lugar de observar y agradecer por lo bueno, nos pasamos media vida o más pensando en lo que no nos gusta, en lo que nos gustaría que fuera diferente o más perfecto.
¡¡¡¡¿?Pero bueno??!!!!… ¿Esa es la máquina mental que me ha tocado? ¿la que nos ha tocado a mucha gente por lo que veo? pues habrá que trabajarla, que tunearla, que hacerse consciente de que todo el pensamiento que pase por mi mente, sobre mí misma, o sobre los demás, o sobre mi vida, sencillamente NO ES CIERTO. Con seguridad, estará sesgado por una visión inadecuada de la vida, no acorde a mi ser auténtico y valores profundos. Si la antena de la radio no funciona bien, la música no llega a sonar. O si la frecuencia es muy corta o baja, quizá no escuche las emisoras que necesito.
Ahora, con esta reflexión matinal, gracias a la inspiración del libro el Camino del artista de Julia Cameron, me voy a poner a hacer las cosas, con otro prisma, con otra visión, otra percepción más feliz sobre mí y sobre mi vida. Yo puedo, yo valgo, yo lo merezco. Ojalá el ego solo nos diga este tipo de pensamientos positivos en adelante a todos los seres. Todos podemos, valemos y lo merecemos. Amemos más nuestra vida, a nosotros mismos y a todos los demás (que no son más que luchadores como nosotras y nosotros, solo que con sus propios sesgos vitales, tan parecidos y tan distintos a los nuestros a la vez).
Inteligencia Emocional: ¿a veces comemos porque no sabemos cómo nos sentimos?
Desde hace años sabemos que existe una inteligencia suplementaria (aparte del CI o Coeficiente Intelectual), que está implicada en la comprensión y la gestión de nuestras emociones. Precisamente es esta forma de inteligencia, la «inteligencia emocional», la que parece poder explicar, mejor que cualquier otra, el éxito en la vida. Y dicha inteligencia es muy
independiente del coeficiente intelectual.
Partiendo de la idea de la inteligencia emocional, investigadores de Yale y de New Hampshire han definido un «coeficiente emocional», que permitiría medirla, alrededor de cuatro funciones esenciales:
1) La aptitud para identificar su propio estado emocional y el de los demás.
2) La aptitud para comprender el desarrollo natural de las emociones (igual que un alfil y un caballo se desplazan siguiendo reglas distintas por el tablero de ajedrez, el miedo y la cólera, por ejemplo, evolucionan de forma diferente en el tiempo).
3) La aptitud para razonar sobre las propias emociones y las de los demás.
4) La aptitud para regular las propias emociones y las de los demás.
Por ejemplo: cuando sentimos cansancio, a veces terminamos comiendo, cuando ello no nos va a reducir la fatiga, sino al contrario, nos incrementará la pereza. Conocer exactamente lo que sentimos y tomar el tiempo de escucharnos, nos ayuda a atendernos mejor, como justamente necesitamos en cada momento.
Amor Consciente: Claves Para Relaciones Saludables
La Maestría del Amor – Resumen Extenso y Práctico
Descubre cómo amar sin miedo y sanar tus relaciones según Don Miguel Ruiz
Introducción: El Amor No Es Dolor, Es Libertad
Nos han enseñado que el amor duele, que hay que luchar por él y que, si no nos esforzamos lo suficiente, podemos perderlo. Pero, ¿y si todo lo que nos dijeron sobre el amor estuviera basado en el miedo y la carencia?
En La Maestría del Amor, Don Miguel Ruiz nos enseña que el amor real no tiene que ver con la posesión ni con el sufrimiento, sino con la libertad, la plenitud y la paz interior. Amar desde la carencia nos ata al miedo, pero amar desde la abundancia nos libera.
Este artículo es un resumen detallado del libro con ideas prácticas para:
✅ Sanar heridas emocionales y soltar el miedo al abandono.
✅ Distinguir entre el amor basado en el miedo y el amor basado en la libertad.
✅ Romper patrones tóxicos en las relaciones.
✅ Comprender que el amor propio es la clave para amar sanamente.
Quédate hasta el final, porque también encontrarás una meditación guiada para integrar estos aprendizajes y empezar a vivir el amor de una manera más consciente y liberadora.
Respiración Consciente para Prepararnos
Antes de sumergirnos en estas enseñanzas, tómate un momento para conectar contigo mismo.
1️⃣ Inhala profundamente por la nariz, siente cómo el aire llena tu pecho.
2️⃣ Exhala lentamente por la boca, dejando ir la tensión y el ruido mental.
3️⃣ Repite tres veces: “Estoy listo/a para recibir amor sin miedo.”
Siente cómo tu cuerpo se relaja y tu mente se abre.
Ahora sí, empecemos.
—
¿Qué es la Maestría del Amor?
El amor no es algo que debamos buscar fuera, sino algo que debemos aprender a vivir desde dentro. Según Don Miguel Ruiz, ser un maestro en el amor significa amar desde la plenitud, sin miedo al rechazo, sin expectativas y sin apego.
Pero… ¿qué nos impide amar de verdad?
La respuesta está en las heridas emocionales, esas experiencias del pasado que nos hicieron creer que el amor era difícil, peligroso o que no éramos suficientes para merecerlo.
El Miedo al Amor: La Causa del Sufrimiento
Desde pequeños, aprendemos que el amor está condicionado:
❌ Si te portas bien, te querrán.
❌ Si haces lo correcto, serás aceptado.
❌ Si eres perfecto, entonces te amarán.
Esto genera un profundo miedo al rechazo y a la soledad, lo que nos hace buscar la validación de los demás en lugar de aprender a amarnos a nosotros mismos.
—
Las Claves de la Maestría del Amor
Uno. Sanar las Heridas del Pasado
El amor no duele. Lo que duele es la ausencia de amor propio y el miedo al abandono.
Para amar sin miedo, primero debemos identificar y sanar las heridas emocionales que arrastramos del pasado.
📝 Ejercicio práctico:
Reflexiona sobre una relación que te haya causado dolor.
Pregunta: ¿Qué creencias sobre el amor surgieron a partir de esa experiencia?
Escríbelo y obsérvalo desde afuera.
💡 Clave: No puedes cambiar el pasado, pero sí transformar la interpretación que haces de él.
—
Dos. La Diferencia Entre Amor Basado en el Miedo y Amor Basado en la Libertad
El amor basado en el miedo dice:
❌ “Si te vas, sufriré.”
❌ “Tienes que hacerme feliz.”
❌ “Debo cambiar para que me quieras.”
El amor basado en la libertad dice:
✅ “Te amo porque quiero, no porque necesito.”
✅ “Mi felicidad no depende de ti.”
✅ “Me amo y te amo tal como somos.”
💡 Reflexión: ¿Desde qué tipo de amor estás relacionándote?
—
Tres. No Confundas Amor con Dependencia
Uno de los errores más comunes es creer que el amor es necesitar al otro para sentirnos completos.
🚨 Señales de dependencia emocional:
Sientes ansiedad si la otra persona no te da atención.
Sacrificas tus necesidades por miedo a que se aleje.
Crees que sin esa persona no puedes ser feliz.
📝 Ejercicio para fortalecer el amor propio:
Cada día, dedica un momento a hacer algo solo/a que te haga feliz.
Recuerda: No puedes dar lo que no tienes. Cuanto más te ames, más amor podrás compartir.
—
Cuatro. Relaciones Conscientes: Amar sin Posesión ni Control
Las relaciones no son para llenar vacíos, sino para compartir la plenitud.
🌱 Principios del amor consciente:
Libertad: Dejar que el otro sea quien es, sin querer cambiarlo.
Confianza: Saber que el amor no se fuerza, sino que se elige.
Responsabilidad: No hacer al otro responsable de nuestra felicidad.
📝 Ejercicio para relaciones más sanas:
Pregunta a tu pareja o amigo: “¿Qué necesitas de mí para sentirte amado/a?”
Escucha sin juzgar y comparte lo que tú necesitas.
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Citas de Don Miguel Ruiz que Transformarán tu Visión del Amor
💬 “No necesitas ser amado por los demás. Necesitas amarte a ti mismo.”
💬 “El amor es incondicional, pero las relaciones no lo son.”
💬 “Si no te amas a ti mismo, no podrás amar a nadie más.”
💡 Reflexiona: ¿Cómo cambiarían tus relaciones si integraras estas ideas?
—
Meditación para Integrar el Amor Verdadero
Siéntate cómodamente, cierra los ojos y respira profundo.
🌟 Visualiza una luz dorada en tu pecho.
🌟 Siente cómo se expande con cada inhalación.
🌟 Repite mentalmente: “Soy digno/a de amor. Me amo y me acepto tal como soy.”
Permanece en este estado unos momentos, permitiéndote recibir el amor que siempre ha estado dentro de ti.
—
Conclusión: El Amor No Se Busca, Se Vive
La maestría del amor no se trata de encontrar la pareja perfecta ni de cambiar a los demás. Se trata de aprender a amarnos a nosotros mismos primero y desde ahí, compartir el amor sin miedo, sin dependencia y sin expectativas.
✨ Empieza hoy: Identifica una creencia sobre el amor que te limita y cámbiala por una que te haga sentir libre.
Si esta reflexión te ha resonado, déjame tu opinión en los comentarios y comparte este artículo con alguien que lo necesite.
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¿Cuánto dura una emoción?
Hoy solo os invito a conocer mi nuevo canal de Youtube, cuyo video número 1 es este:
¿Sabías que una emoción dura solo 90 segundos? Este video explora la diferencia entre emociones y sentimientos, desvelando cómo las emociones, esos impulsos intensos que sentimos físicamente (palpitaciones, sudoración, tensión muscular), desaparecen de nuestro cuerpo en apenas un minuto y medio. Descubre cómo, a diferencia de las emociones, los sentimientos pueden persistir durante años, alimentados por nuestros pensamientos y recuerdos. ¿Por qué podemos cargar con la tristeza, el miedo o la culpa por tanto tiempo? Sumérgete en este fascinante proceso químico y psicológico que define nuestra experiencia emocional. ¡Dale al play y aprende cómo tus pensamientos moldean tus estados de ánimo! Hace ya muchos años me encontré con este vídeo para dormir: https://www.youtube.com/watch?v=hiMGV3ZXcps, y tenía esta reflexión súper interesante sobre cómo funcionan y cuánto duran las emociones en nuestro cuerpo (con todas sus reacciones, hormonas, etc.). Me cautivó tanto que hoy la voy a compartir… Para poder comprender el funcionamiento de nuestro ser interior, es necesario aprender a escucharse y atenderse. Ojalá que este aprendizaje os interese y ayude tanto o más que a mí 🙂
AVISO DE COPYRIGHT DE USO JUSTO El Aviso de Copyright según la Sección 107 de la Ley de Derechos de Autor de 1976 permite el «uso justo» para fines como crítica, comentarios, reportajes de noticias, enseñanza, investigación académica e investigación general. El uso justo es un uso permitido por la normativa de derechos de autor que, de otro modo, podría constituir una infracción. El uso sin fines de lucro, educativo o personal inclina la balanza a favor del uso justo.
Transcripción del vídeo:
Sabemos que un sentimiento puede durar años, tanto como el tiempo que dedique nuestro consciente a pensar en ello. Pero, ¿cuánto dura una emoción? Seguro que saber la respuesta. 90 segundos. Sí, un minuto y medio. Pero, ¿qué la hace tan breve? En el momento en el que aparece la emoción, aparecen los síntomas físicos, como dificultad para respirar o palpitación, extensión muscular, sudoración, lógicamente dependiendo de la emoción y del grado de intensidad. El caso es que nuestro cuerpo tarda en reabsorber todas esas sustancias un minuto y medio. 90 segundos después de aparecer la emoción, no queda ni rastro de esos compuestos químicos en el torrente sanguíneo, y desapareciendo estos, desaparecen también sus efectos físicos. Ahora estaba yo pensando cuando hablábamos de las lágrimas. ¿Recuerdas cómo las lágrimas de tristeza nos ayudaban a eliminar las toxinas? Está claro que nuestro cuerpo está diseñado para limpiarse solo de todo lo que le contamina. Sin embargo, y siguiendo el mismo paralelismo, si contaminamos más de lo que podemos limpiar es cuando la cosa se descontrola. Hoy en día para la ciencia quedan muchos cabos sueltos por atar en todo este proceso. Muchas preguntas a las que darles respuesta. Pero esa barrera de los 90 segundos, según parece, es incontestable; sucede realmente. Seguro que te ha pasado alguna vez que alguien ha aparecido de súbito y te ha llevado un susto de muerte. Es terrible y molesto. Y cuando te lo hacen a propósito es todavía más molesto, pero en verdad un minuto y medio después ya no sientes nada, todos los síntomas físicos han desaparecido. Lo que fue miedo lo cuentas como algo jocoso. Claro, tu cerebro pone todo el proceso en marcha, pero ante la ausencia de peligro real, dicho proceso se desvanece y no vuelve a repetirse. Volvamos al ejemplo del encuentro de esta mañana. Mientras estabas con esa persona, los estímulos continuaban ahí, por lo que tu cerebro repetía el proceso una y otra vez liberando sustancias en el cuerpo. Sin embargo, a lo largo del día, cada vez que pensabas en esa persona, el recuerdo hacía que tu cerebro repitiera de nuevo el proceso, es decir, renovaba la emoción. Tus pensamientos fueron los encargados de alimentar la emoción para que a lo largo del día pudieras crear un sentimiento, un estado de ánimo. Bueno, pues el resto de emociones funcionan igual. Ese es el motivo por el que puedes llevar años con la tristeza a cuestas. Renuevas la emoción cada cierto tiempo, y los pensamientos se encargan de crear un sentimiento de tristeza. Y aunque lo llamamos así, en realidad es un estado de ánimo de pesadumbre en el que se mezclan un montón de sentimientos negativos, además de la propia tristeza, como la culpa, el remordimiento, la soledad, la apatía, la desesperanza. Quiero decir que puedes sentir miedo el tiempo que estás delante de un león. El proceso de los 90 segundos se repetirá mientras permanezcan los estímulos. Pero cuando el león ya no está, la permanencia del miedo depende de ti.
