Día 13
Si ya oíste la silla de la humildad este ejercicio te sonará …
Escucha algo, te interese o no, durante un rato con tu máxima atención, nada de pensar en otras cosas, como si te fuera la vida en ello. Ponle amor, escucha activa, atención.
No pienses en nada ni en qué vas a responder. Ignora querer saber absolutamente todo, se pudd no saber y preguntar. Solo por una vez no rebatas aunque no estés de acuerdo, trata de pensar qué le ha llevado a la otra persona a creer algo distinto.
Esto no es una pauta vital, en la vida necesitamos autoafirmarnos, desarrollar nuestra personalidad o ego que nos hace únic@s e irreemplazables, pero también saber en qué conversaciones solo vamos a desgastarnos energéticamente, en cuáles conviene evitar un tema…
De lo que hablo también es de un ejercicio de humildad, de pensar que la otra persona ve un mundo diferente al nuestro y por ello puede opinar diferente. Cada uno vemos un mundo distinto conforme a los ojos con que miramos, y este es una suma mezcla de todos.
Un consejo: No personalizar enfado o frustración de los demás en ti, ni el tuyo en ellos.
Si alguien está enfadado no piensa, la paga con quién ve más cerca. Es decir, más que coger su «regalo», recházalo, que le vuelva de nuevo, en todo caso mándale compasión por no vivir más afectivamente, más consciente.
Y otro: Observa cuando te enfadas tú, qué hay que te remueve el asunto? Ve más allá de culpar al otro, tampoco te culpes a ti. Se trata de sanar aquellas cosas que la vida nos pone delante una y otra vez hasta que las aprendemos. Si no es con esa persona nos pasará con otras.
Podemos mimar y atender nuestras emociones, tratarlas como a un niñ@ con llama la atención porque necesita amor y ser escuchado.
