Hace poco me encontré un vídeo y un psiquiatra chileno, Claudio Naranjo, y la verdad que me ha removido mucho.
En un momento tan crispado de ánimo en todo el mundo, sigo haciendo que al menos mi propio mundo interior sea cada vez más amable y humano, pues con el de los demás poco puedo hacer y es una inutilidad creer que en nuestros problemas y conflictos, los que deben cambiar son los demás… una actitud súper inmadura que todos tenemos alguna vez y que nos hace ocultar la cabeza como un avestruz… Solo podemos trabajar con lo nuestro… y confiar en que un cambio de mentalidad y un salto de consciencia global pueda ayudar a enmendar este pequeño gran desastre que tenemos montado entre tod@s, con la visualización colectiva que hacemos de este mundo.
Y aquí va el vídeo, que me ha hecho replantearme cómo el calificativo «consentid@» puede que sea algo injusto / despectivo, inmerecidamente, pues qué es ser consentid@ sino un fruto del amor que se les da a los hij@s cuando son/somos:P pequeños. Y algo que también, bastante duramente, después se corta y se recrimina cuando dichos pekes son mayores. Como reflexión: Ojalá todos estuviéramos un poco más consentidos/amados en nuestra infancia, al menos por nosotros mismos y nuestros más allegados, y lo estuviéramos durante toda la vida, creo que el mundo así iría mejor… pues sabríamos algo más de amor incondicional…
Algunas perlas del vídeo:
«El mundo no está hecho para niños…»
«Los pueblos pre civilizados no estaban tan alejados de la naturaleza…»
[respecto a los colonizadores] «… se encontraron un mundo de colaboración, no uno tan competitivo como es el mundo occidental…»
[respecto a ser padres] «… tenemos que ejercer cierta violencia, no sabemos cómo hacerlo mejor…»
[respecto a la educación] «… somos el conducto a través del cual pasa la sociedad…»
Claudio Naranjo
La infancia nos enseña e impone muchas cosas pero el cómo lo desarrollemos después depende total y únicamente de nosotros. Llega un momento en la vida en que hay que elegir entre vivir el amor puro e incondicional en el presente y futuro, y olvidar el pasado, o seguir estancad@s en tontadas del pasado que ya no importan ni existen por más tiempo.
Otra frase, que me ha llegado hoy al alma, y que sintoniza más con mi pensamiento, mi sentimiento y comprensión actual respecto a todo esto, con una visión más tolerante ya:
«Para poder tener la libertad de ser nosotros mismos, es preciso que demos esa misma libertad a los demás.»
Louise L. Hay
En definitiva, querer a alguien no es quererle como a un «objeto» o cosa de la que sacamos un provecho. Suena fuerte, pero en muchos casos es así, «cosificamos» a las personas… tal chic@ es con quien quedo para esto, con esta otra persona me quito la soledad cuando… en fin, lo que quiero decir es que solemos valorar nuestras relaciones por lo que nos aportan, en lugar de por lo que les aportamos. Y en cuanto la cosa se pone fea, cambio y corto (a veces con un hasta siempre).
Sin embargo, muchas de las «cosas» que nos pasan con los demás, ni siquiera son fruto de nuestra propia interrelación. Sino que son el resultado de la relación de la otra persona consigo misma, o de mi relación conmigo misma. Cuando alguien está pasando un momento raro, paga todas sus frustraciones con quien tiene cerca, o quien le muestra una mínima vulnerabilidad. De un modo raro, hay quien se retroalimenta y abastece su ego viendo que los demás están peor, por ej. Y si ya hablamos a nivel del subconsciente o nivel energético, pues ni me atrevo casi a contar nada de todo lo que nos perdemos. Por ello, al juzgar a alguien, si es que nos atrevemos a ello, no debemos olvidarnos que la otra persona, al igual que nosotros, lo único que quiere es ser feliz, y que no hace nada para enfadarnos… y bueno, si lo hace ya, ni nos compliquemos, pues tiene un problema con su propia persona tan enorme, que ya tendrá sus propias consecuencias (todo son causas y condiciones que sembramos, según el karma…).
Por ello, al mirar a otr@s, y a pesar de que nos hayan educado en esa cultura un pelín «guerrera» y «competitiva», ¿por qué no quitamos esa capa superficial de «enfrentamiento» o desconfianza que flota en el aire? me da igual que se le llame algo ambiental, energético, cíclico, social… es algo que existe. ¿Nunca os han dicho que dónde vais por ahí siendo tan confiad@s? jaja a mí sí. Y reconozco que por desgracia hay que tener siempre precaución, y ando con esa mínima coraza puesta… pero el resto, es mental, y solo nos separa. Nos crea una ilusión de separación total respecto a los demás, que en realidad no existe. Formamos parte del mismo sistema, y estamos más conectados emocionalmente por ej. de lo que nos creemos. Por tanto, ¿por qué no nos atrevemos a mirarnos más a los ojos? ¿a la cara? ¿y a conectar?
Por último, hace nada he estado en un retiro más, budista, de meditar en silencio y aprender más sobre el amor y compasión. Y el mejor truco que me quedo de ahí es, por ej. para cuando nos llega una situación de malestar o enfado, evocar de pronto esa sensación de amor que sentimos hacia ciertas personas que amamos, o hacia nuestra mascota, nuestros sobrinos… ese amor innato que llevamos dentro y que apacigua nuestra alma. Si nos centramos en esto por minutos, lo demás no tiene trascendencia. O no tanta.
Me gustaría dar las gracias a la gente que ha estado ahí en mis momentos tristes u oscuros, con esta canción de Kase O, cuyo estribillo dice como el título del post:
Es en ese momento justo cuando malentendemos lo que hacen los demás, cuando más amor incondicional recibimos de ellos. Pues igual, cuando alguien hace algo que no entendamos, tocará preguntarse si es algo hacia nosotros, o si es algo suyo… y si esa persona es alguien que amamos, nos tocará apoyarle. En la mayoría de los casos es lo segundo… su proceso… y es súper difícil separar y no personalizar en un@ las cosas… pero es el camino que estoy viviendo en los últimos meses, dejar de ser susceptible, y cuanto más cambio… mejor estoy :)))
