Crisis existencial
A veces hay palabras que remueven la conciencia de una. Como en esta ocasión ocurrió con estas dos, que pronunciadas en boca de mi psicóloga me ayudaron a adquirir una mayor conciencia sobre mí misma.
¿Cuál es mi propósito en este mundo? ¿en este planeta? ¿en esta vida o reencarnación si es que existe la rueda del Samsara?
Quizá mi crisis existencial venga del desconocimiento de la respuesta a esta pregunta. Tal era mi estado de ebullición mental en esa mañana, que logré sacar fuerzas para levantarme a escribir. La pasión mueve el mundo, el problema es no encontrarla, no seguirla, o tener tantas diferentes motivaciones en la vida que no se sabe bien a cuál de ellas acudir.
Por un lado, está la devoción por el arte del pensamiento, el razonamiento y la filosofía. Porque sí, estaba tratando de aceptarme a mí misma tras tantos años luchando conmigo misma por pensar demasiado, siguiendo la doctrina dominante en la época y los consejos para el bienestar emocional del S.XX-XXI ¡pensar en exceso es malo! Sí sí, si me leyeran los grandes pensadores y filósofos de la historia saldrían espantados en este preciso momento.
Si todavía sigues aquí, quizá te interese una pequeña reflexión de por qué se dice que es desaconsejable cuanto menos el pensar mucho. Así sin complicarme demasiado se me ocurren varios motivos:
- Simple y llanamente: porque no conviene a las empresas y gobernantes que controlan el sistema capitalista. Pueblo atontinado, pueblo dominado y bien controlado. Empezando por un sistema educativo cuyas bases se relajan cada vez más, y terminando por un ritmo de vida tan estresante que no permite llegar a un razonamiento completo y lógico, por pura falta de tiempo y por las pocas ganas de meditar sobre las cosas, pudiendo optar por otras opciones más sencillas que nos atrofian la conciencia pero nos hacen pasar el rato tan agustito.
- Porque si el pensamiento no conduce a acción no sirve de nada. Parece un poco drástico pero así es. Es más, a todo lo que conducen los pensamientos inacabados y las noches de reflexión incontrolada es a una ansiedad desorbitada. O al menos en mi caso. Pensamiento no escrito pensamiento maldito jejeje. Para mí, si lo desarrollo y llevo a un buen puerto, sea a una acción concreta o a una mayor comprensión sobre mí misma, todo pasa y hasta es productivo, como esos días en que he sentido esa claridad mental tan placentera que provoca ver hechos hasta entonces inaccesibles para una misma.
- Porque el pensamiento conlleva conciencia, darse cuenta y analizar lo que ocurre en el mundo actual, y preocuparse y ocuparse de las cosas más allá del barrio en que resides. No solo de pan vive la mujer, y menos cuando hay otras personas en el planeta que no tienen ninguno para llevarse a la boca. Y sobre todo cuando además eso te apena porque todavía tienes sentimientos de compasión y humanidad hacia los demás y deseas, como se pide como dedicación tras las meditaciones budistas “que todos los seres sean felices”. Y más si no te da miedo sentir así y reconocer en ti misma y en los demás, que la desigualdad y miseria del mundo duele, no solo es algo de lo que tratan de inmunizarnos las noticias del telediario, sino que es algo importante. Es más, escaneas por la vida a todas las personas que conoces para tratar de encontrar un cierto humanismo, una empatía y crear así tu propio termómetro sobre el momento actual del “cambio del mundo”. Ese que tanto esperas que llegue.
- Pero quizá el mayor problema de pensar en exceso es la frustración que acarrea. Si como yo has llegado a la conclusión de que este planeta o, por hablar con propiedad, de que este sistema es una mierda, te comunico una cosa: tu malestar se debe a que lo sabes y no haces nada. Si ni siquiera te permites pensar en ello. Ni meditar sobre cómo mejorarlo. Simplemente lo das por imposible (y en el fondo obedeces órdenes), pues entiendes y aceptas como te han dicho y tú no has llegado ni a cuestionar: que obviamente “la vida es así” y que todo es inamovible (¡como si siguiéramos viviendo en la Edad de Piedra y tuviéramos una losa sobre nuestras cabezas, por favor!). Si es hasta frustrante el mero hecho de tratar de hablar con mucha gente a la vez sobre ello. ¿Te has dado cuenta de esto? En conversación a dos, prácticamente todo el mundo reconoce estar insatisfecho con el mundo actual, en conversación grupal, quien lo hace está “sembrando polémica”, es “infeliz”, un “revolucionario”, un “cortarollos” y, en definitiva, una molestia para aquellos que han decidido anestesiar sus conciencias a base de bien. ¿Pero qué … nos está pasando? ¿Así es el sistema en el que deseas vivir?
Bajo mi modo de entender y con mis escasas nociones de biología, el planeta es un sistema formado por todos los seres vivos que habitamos en él. Y no solo es que nos rija el sistema capitalista. Es que nos hemos dejado absorber tanto por él, que somos los creadores del sistema capitalista y lo seguimos fomentando día a día. Todos compramos, todos consumimos, todos permitimos injusticias con nuestro dinero al entregarlo a corporaciones sin alma. Regamos y alimentamos una planta que está podrida. Y ya seguiré desarrollando esta idea en otro momento… para algún otro día el capítulo o artículo: ¿qué puedo hacer yo por cambiar el mundo? pero trataré de centrarme ahora…
También somos un sistema en otros aspectos fundamentales. ¿Conoces la Ley de Atracción? Igual te suena a pseudociencia misticista y ello te provoca escepticismo ¿verdad? pero… ¿y Einstein? ¿y la física o mecánica cuántica? Resulta que hablamos de lo mismo. Pues en estos momentos globalmente y entre todos nosotros atraemos porquería cósmica de todo el universo.
“Un sistema es la suma de sus partes…” Esa frase la tengo grabada en la mente toda la vida, y ahora veo clarísimo que así es. Todos, o la mayoría, pensamos negativo, sentimos negativo, nos exponemos a noticias sesgadas, deshumanizadas y manipuladas continuamente, y hemos perdido la fe en nosotros mismos como especie y en nuestro libre albedrío o capacidad para cambiar nada en nuestro terrible destino.
Si reconoces que es así y ves a veces las miradas tristes de la gente, el vacío espiritual, y la desilusión dominante en el mundo actual… ¿no te parece súper normal que estemos como estamos? es lo que atraemos continuamente, lo que visualizamos, lo que creamos.
No hemos sido enseñados a creer en nuestras habilidades vitales, emocionales, personales, a luchar por lo creemos… O peor, quizá sí se nos ha enseñado esto, pero solo dentro de un contexto posible: el de la competitividad. Tenemos que ser los primeros, los mejores, los únicos, los inigualables. ¡Cuánta futilidad! ¿Y qué ocurre con la cooperación? ¿Os imagináis lo que ocurriría si utilizáramos nuestro afán de superación, de mejora continua, al servicio del bien común y no siguiendo el plan marcado que nos hace infelices?
Yo creo que por ello estoy en depresión, como el mundo, como el sistema, pues mi crisis existencial me ha dado por replantearme qué quiero realmente en la vida.
Todos contamos con diferentes opciones mediante las que realizarnos:
- Vida personal: hijos, familia, etc. ¿De veras es posible conjugar esto con el ritmo de vida que llevamos?
- Vida profesional: ser “los mejores” en lo nuestro. O por lo menos buenos. ¿Pero de qué va esto? ¿Acaso todos podemos destacar en nuestro trabajo? yo he tenido la suerte de hacerlo y, a veces, lejos de ser una ventaja, es casi como un yugo. Detesto competir con los demás y aun así me toca. Menos mal que al menos me permito hacerlo desde la cooperación…
- El arte: ¿quién vive del arte hoy día? creo que va en una categoría aparte pues, además de ser un posible modo de realización personal, y para algunos afortunados hasta profesional; el arte es perdurable en el tiempo, más allá de nuestra propia vida y nuestra existencia. Sea cual sea la calidad de nuestra obra, si algo es seguro, es que nos sobrevive fijo.
- La espiritualidad: dedicar nuestra vida a encontrar una “conexión” con la perfección, con la creación, con el bien absoluto… Pensar que someter nuestras pasiones o deseos a un bien superior nos va a pacificar está bien, pero también es peligroso si nos dejamos llevar hasta el extremo por las mafias, digo iglesias! 😛 Yo hablo de la espiritualidad bien entendida, de estar en paz con una misma, sean cuáles sean nuestras creencias religiosas, si es que las tenemos. ¡Qué tendrá que ver una cosa con la otra! ¡Ser buena persona con creer en algo…! Para mí, ser espiritual es tener inquietud por la profundidad del ser, por las emociones propias y ajenas, por el bien común. Y meditar sobre ello de vez en cuando.
- …
En definitiva, podemos ver todo esto como una forma de perseguir la inmortalidad, la permanencia. Y mientras tanto, todo es impermanente, nada es estable ni fijo, ni siquiera dos observadores tienen que ver lo mismo si están en posiciones diferentes[7].
Así que, según mi pesimista punto de vista actual, opino que por todo lo anterior, no siempre nos realizamos, sino todo lo contrario. Nos exigimos demasiado. Cuando miras en el metro la expresión de la gente, su alma, su forma de comportarse, ¿crees que todo el mundo goza de una salud emocional? ¿de una estabilidad? ¿de una auto-realización que le haga inmune a malos pensamientos? ¿te lo has planteado alguna vez o solo te miras el ombligo a ti misma?
Por suerte, el pesimismo se puede superar y es solo una fase de la vida, aquí te dejo unos cuantos enlaces y medios para superarlo 🙂
Meditaciones y clases de Budismo (Escuela Nagarjuna)
Continuará…
